La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 23 de agosto de 2016

Esquela



El otro día vi esta esquela necrológica en un periódico local de la Castilla profunda. Los familiares del asesinado honran al joven, 80 años después, simplemente con su memoria, dejando constancia en este pequeño detalle. La reproduzco aquí para decir a su familia que yo, que soy de otro tiempo y circunstancia, siento en mi conciencia aquella barbarie. Que no duden de mi deseo de que en paz descanse, algo que cuesta desear para sus asesinos, como no sea para saber al menos que con el descanso estos no cometerían más crímenes. Que no vuelva jamás a tener lugar todo aquello de lo que supe por el relato de mis mayores. Y que lamento que no haya habido jamás justicia. Pero, al menos, que sus descendientes sepan que para algunos no hay olvido. La memoria y el reconocimiento son fuentes de sabiduría y, lo que es más importante, de convivencia. Y que me hace reflexionar y anhelar un país de entendimiento, algo que no sé si todos desean. Porque algunos, como siempre, siguen estando sedientos de imponerse y no parece que acepten a los que que no piensan como ellos.
  


(Esquela tomada del periódico El Norte de Castilla)


lunes, 22 de agosto de 2016

Brindis por el 2006




Me apetece hoy brindar con cebadas bien malteadas y lúpulos a todas las máscaras que en mí habitan. O mejor dicho, junto con todas las personalidades que se miran entre ellas con ojos diversos y voces alternas y complementarias. Entiéndaseme. El que esté libre de máscaras -conscientes, subconscientes, inconscientes o reunidas- que tire la primera espuma. Yo me quedo con la espuma y también con los posos. Salud siempre.




sábado, 20 de agosto de 2016

Aquellos estos árboles, 35





"En tus abrazos
brillaban mis palabras
la lluvia las desnudaba de sangre
las desnudaba de muerte
y en la forma de tu cuerpo
se entretejían en mí".

Mohsen Emadi, Visible como el aire, legible como la muerte.



Expulsado del verdadero hogar los hogares que conocerás después no te parecerán lo mismo y, no siendo lo mismo, perseguirás la búsqueda del único, del que perdiste, otros hogares que se nombrarán como hogares serán en el mejor de los casos una copia modificada de aquel, o espacios que quieren parecerse, si dejan que se adapten a ti, y en este sentido serán una imitación idealizada, pero a los cuales tendrás que acogerte, porque un individuo sin un hogar a cada paso de la vida se sentiría extraño, y no es que no sea menos extraño si se acoge a lo que le ofrecen, pero se cede porque la seguridad es una exigencia necesaria, y más después de aquella fuga no deseada, así pues estarás buscando de forma denodada un sustituto del hogar original año tras año, de año en año, y a cada desgaste que percibas de tu propia materia más te acuciará la nostalgia, y en esa resistencia que al principio sentirás creciente, firme, en la que te parecerá que vas llenándote de mundos, tratarás de recrear un calor que no has olvidado, sin darte cuenta primero, lamentando más tarde, ansiando cuando cada vez tengas menos a qué aferrarte, y si bien los primeros tiempos que te esperan serán expansivos y apenas serás consciente de cómo acucia el origen, la extensión de ti mismo se irá reduciendo, limitando, aunque no perderás nunca el sentido de querer o pretender ser un sueño materializado, porque los límites, si bien cada vez te irán cercando más, y si bien ahogan por sí mismos, los vivirás como invisibles, si no fuera por esa invisibilidad, que no es otra cosa que no querer ver, el individuo no seguiría intentando explorar la vida, y cuantas posibilidades tengas de recrear la vida serán un reflejo de la que viviste en el hogar imprescindible, no solo te perseguirá una calidez que no te será fácil recuperar, sino una humedad que te volverá leve, una sombra que te resultará benéfica, un apacible rumor que se ofrecerá como alternativa al ruido descomunal que los vivientes se empeñan en generar, todo eso necesitarás restaurar a tu medida ilusa, será imprescindible que cases lo tangible y lo ficticio y hagas con ello un crisol de realidad llevadera, pues el mundo que los demás seres te han proporcionado cuando llegas a éste no te gustará más que en una parte, y luego en una parte de una parte, y tú a su vez te dividirás, una, varias veces, en tantas ocasiones en que la disconformidad que te apabulla te lo exija por instinto de supervivencia, y esa partición, en la que siempre es un riesgo saber qué parte de ti abandonas y con qué parte te quedas, te generará dudas, no hay paso de la vida en que no dejes de tener dudas, unas veces inadvertidamente, otras con pleno entendimiento, pero una vez hayas elegido u otros te hayan conducido a una imprevista rotura de ti, deberás reaccionar, porque incluso ante una amputación si no siempre los miembros se regeneran como estaban antes, al menos se desarrollan otras capacidades, la engreída posesión de ti mismo te hará creer a veces que no te sobra nada, pero siempre habrá algo de ti que pese y merme tu esfuerzo, y demore los pasos, y no por eso debes pensar que los pasos deben ser de gigante, nadie puede prever cómo van a ser sus pasos, los pasos más lentos y minúsculos pueden hacer una vida interesante, y habrá momentos también en que te dará la impresión de que tienes un noventa y nueve por ciento de sobrante, y te aferrarás al uno por cien restante para restablecerte de nuevo, y esa aritmética dual probablemente sea falsa, pero con márgenes muy estrechos se puede aún sentir el hogar, por muy lejano que te parezca que él y tú estáis uno del otro.  




(Fotografía de Duane Michals)



viernes, 19 de agosto de 2016

Cuesta mirar de frente a este país esquivo, 80 años después




Y unos versos sumamente emocionantes de Federico que reproduje en el blog justo hace diez años por estas fechas, cuando la sombra Fackel quiso jugar a ser una leve candela de Kraus:


"Si muere el alfabeto
morirían todas las cosas.
Las palabras 
son las alas.

La vida entera
depende
de cuatro letras".



Gracias, poeta nuestro.



miércoles, 17 de agosto de 2016

Aquellos estos árboles, 34





"Él, mi tío Georg, me abrió ya muy pronto, por decirlo así, los ojos para el resto del mundo, me hizo observar que, además de Wolfsegg, y que, además de Austria, hay algo más, algo mucho más grandioso aún, algo mucho más gigantesco aún y que el mundo no se compone sólo, como comúnmente se supone en general, de una sola familia, sino de millones de familias, no sólo de un lugar, sino de millones de esos lugares, y no sólo de un pueblo, sino de muchos cientos y miles de pueblos y no sólo de un solo país sino de muchos cientos y miles de países, que son, todos y cada uno, los más hermosos e importantes. Toda la Humanidad es infinita con todas sus bellezas y posibilidades, decía mi tío Georg. Sólo el estúpido cree que el mundo acaba donde él mismo acaba".


Thomas Bernhard, Extinción.



Siempre tuvo él la misma opinión que el escritor, siempre no, en realidad nunca le enseñaron a apreciar lo de otros, pues el complejo malsano que le rodeaba se obstinaba en inculcar que su suelo, su patria, su familia, su paisaje era no sólo lo más bendecido sino lo único, único en el sentido de selecto y electo, por mor divino, no tangible, por encima de todo lo que hay por el mundo, bebió desde su infancia de una especie de consagración de la estrechez, de lo minúsculo, del entorno opaco que aprisionaba a todos sus paisanos, sólo se salvaban, y a qué precio, aquellos a los que el hambre o la miseria o el descontento les obligaba a desarraigarse, y cuesta entenderlo, pero muchos de aquellos si no se liberaron del todo de las circunstancias de origen al menos conocieron mundo, y luego contaron, y luego atrajeron a otros más, y mucho más adelante y lentamente revirtió como un relato de tradición oral, que al fin y al cabo lo era, sobre los que se habían quedado y seguían pensando que lo suyo era el no va más, y ese conocer mundo no era el del turista de ahora, que tampoco conoce mundo, que apenas ve las ciudades sino como parque temático, probablemente los que emigraron supieron más del mundo que los viajeros actuales con visa, y aun cuando muchos hicieran sus guetos allí donde iban era inevitable el roce con gente de otras nacionalidades, la adaptación, limitada y circunstancial, al nuevo medio, y pudieron comparar, y ahí está la clave, la gente que se considera que es y vive en lo mejor del planeta debería comparar, y comparar no es una estadística ni unos datos sobre el producto nacional bruto ni el mito de una conciencia de pertenecer a una patria en lugar de al mundo entero, comparar es ver al otro, romper fronteras, y no estar erre que erre pensando en que son mejores si se aferran a un Estado, porque al final son presos de ese Estado, del que han tenido y del que puedan crear, y nunca él entiende que se obstinen tanto algunos en reforzar aquello que les anula o les reduce, no comprende que muchos elijan la vida de vivir esferas dentro de esferas que ejercitan constantemente poder en cada una de ellas sobre sus súbditos, pero acaso sea, piensa él, que a muchos individuos les satisface ser súbditos, de ahí que sólo cambien de sujeto de dependencia, y arrinconen unos símbolos para adoptar otros, digo adoptar porque nunca se sabe si lo otro, adaptarse, es posible cuando se va comprobando que la historia se repite no con arreglo a banales ideas cada vez más desfiguradas, sino porque los verdaderos centros que deciden sobre las vidas se han fortalecido, y ellos, esos poderes crecientes juegan en otra estratosfera, y solo se sienten interesados en los acontecimientos, sólo se preocupan de los funcionamientos que ponen en marcha los hombres del suelo y del subsuelo si no alteran el equilibrio de sus negocios, así que él no logra saber bien por qué tanta obstinación en disgregarse aquellos que deberían trascenderse, no en el sentido metafísico, que ya no es posible citar como filosofía plana, sino en ir dentro y más allá de las dimensiones que la naturaleza social de los hombres ha disparado, y esboza una sonrisa, él que perdió muchas de sus sonrisas, cuando ve que los mitos cayeron hace tiempo, que todo se mueve como jamás se perturbó antes, que  los centros del universo, los ejes del carro de la historia, el centro de gravedad de la explicación del mundo, la esencia de sí mismos, sea con el sobrenombre enmascarado de pueblo, lengua, patria, economía, leyes, costumbre o tradición, es hoy día antiesencia, y no le cabe duda de que el mundo, agitado como jamás lo estuvo anteriormente, no reconoce el límite y que brinda una oportunidad al que se aferra, por complejo, miedo o renuncia, a creer que su leve parcela le pertenece, cuando ya estaba vendida incluso antes de llegar a la vida. 




(Fotografía de René Groebli)


sábado, 13 de agosto de 2016

Aquellos estos árboles, 33




"Aprovecha la vida mientras sea vida dentro de ti. 
Aprovecha tu cuerpo mientras seas tú quien vive dentro de él. Aprovecha".

Vergílio Ferreira, Pensar.



Palpación del cuerpo. Ejercicio gratificante unas veces. Prueba de discordancia otras veces. Cuerpo perímetro, cuerpo extensión, cuerpo territorios. Cuerpo cepo, a veces. Las manos capaces de llegar siempre a cualquier zona de su superficie. Manos que se recogen sobre sí mismas, manos que obligan a arquear el cuerpo hasta el extremo opuesto, manos que incitan al escorzo lumbar tratando de evitar que la estatua se incline peligrosamente, manos que se sumergen en la hendidura misma de la carne que no se puede traspasar. Manos que saben de sudor, que a veces también se ensalivan. Manos que se extravían sobre otra piel distinta, porque una caricia no siempre es un encuentro. Palpo mi cuerpo confiado. Confío en él, él confía en mí, diálogo ingenuo de tactos. ¿Solo de tactos? Cada rincón de mi hábitat habla desde dentro. ¿Cómo llegar a su cuerpo profundo? Laberinto de cuerpos dentro de mi cuerpo. Ordenado en su reparto, caótico en las respuestas del deterioro. Voces agudas, palabras altisonantes, griterío que chirría. Mi tacto no alcanza ese intramundo, ni siquiera los demás sentidos que acuden a la cita saben interpretarlo. Entonces sucede que sentidos recónditos, gestos no nombrados, una cohorte de reacciones no traducibles externamente se hacen notar con su peculiar vocabulario. Es la hora de la queja, de reivindicar una reposición imposible, del cansancio que se afirma, lento y desaborido. Hasta ese momento he amado su silencio, su sumisión, su aparente docilidad. Cualquiera disfunción interior utiliza otros idiomas en los que no se quiere hablar. Te haces a ellos, pero ellos no saben de tus dedos ni de tus pensamientos ni de las palabras con que inquieres su suceso. No entienden que el amor que has mantenido con tu cuerpo profundo ha empezado a ser desamor. Que antes o después vas a quedar al pairo. Que lo que más has querido va a volverse inhóspito. Pero aún no permaneces a la intemperie de ti mismo. Derivas cualquier movimiento rebelde hacia el pozo ciego. Y sueñas de nuevo con tu resistencia. Y consideras un improperio desear renacer. Al tocar desde fuera tu propia piel, al pulsar los músculos, al hacer crujir los huesos en su aparente normalidad, al constatar la sabiduría de lo sensible, que tanto te entusiasma y te explica de ti mismo, al no percibir lamento alguno, respiras en profundidad. Ese respirar es el mensajero que intenta llegar hasta los espacios que encajan dentro de ti. Donde moran seres íntimos, alumbran rostros desconocidos, se encabritan animales donde tú eres ajeno. Desalojas palabras que suenan a deseos. Para vosotros mis ojos no bastan, dices, mis lágrimas no son útiles, insistes. ¿Servirá de algo mi palabra en el instante en que las furias se desaten y no se controlen, ahí en alguna de las estancias de mi cuerpo tan próximo y tan lejano? Os amo, vísceras, digo. Fluid, conductos, digo. Manteneos, cartílagos, imploro. Bacterias, pacificad vuestros bríos. Jugos gástricos, no os agriéis. Oxigenad bien vuestro curso, arterias. No deis saltos, células, digo. Demorad el desgaste, neuronas, proclamo. No convirtáis al mensajero que os envié desde mi reino incauto en el oscuro jinete de vuelta del dolor.




(Fotografía de Jacob Aue Sobol)



miércoles, 10 de agosto de 2016

Aquellos estos árboles, 32





"- Cuando todo hombre alcance la felicidad, el tiempo dejará de existir, porque no será necesario. Una idea muy cierta.

- ¿Dónde lo meterán?

- No lo meterán en ninguna parte. El tiempo no es un objeto, sino una idea. Se extinguirá en el pensamiento.

- Los viejos lugares comunes de la filosofía, siempre los mismos desde el principio de los tiempos -murmuró Stavroguin con cierta lástima desdeñosa.

- ¡Los mismos! ¡Los mismos desde el principio de los tiempos, y nunca habrá otros! -exclamó Kiríllov con ojos centelleantes, como si esa idea encerrase poco menos que una victoria".



Fiódor M. Dostovievski, Los demonios.



Sufre un desvarío irritado cuando observa cómo la gente se aferra a mil y un subterfugios, cada cual los busque sea con poco o mucho dinero, sea rodeado de esposa o marido y los hijos, sea solitario, sea entregado a dedicaciones y actividades que recrean, sufre inútilmente  por el paso del tiempo en una lucha atroz, permanente, que desequilibra a los hombres más que les aporta apacibilidad, en una época en que se condena la indolencia, se valoran excesivamente las pequeñas posesiones, la gente viviendo consciente como nunca de sus limitaciones, pero a su vez desdeñándolas como nunca antes lo hubiera hecho, ya sin resignación, y no es que la resignación de otras épocas fuera precisamente una solución digna, aunque algunos lo consideraban una virtud, porque la resignación permitió a los más desaprensivos aprovecharse del espacio y los dones de los pasivos, y no es que ahora predique él mismo ninguna forma de cesión resignada, pero sabe que la espiral es incendiaria, causa molestias mentales, efectos físicos que se palpan, a veces sumamente fuertes, eso de somatizar que llaman algunos, como si cada ejercicio del cuerpo, desde la respiración al hecho de coger peso, desde la preocupación por un problema hasta el riesgo por cualquier paso no supusiera ya un desgaste en el continente que acoge eso que llamamos individuo o ser y que viene acompañado de un nombre por norma y ritual desde que nace, vivir es zaherir el cuerpo a cada paso, corres y lo sacudes, amas y te deshaces, pones en marcha la fuerza y los órganos se conmueven, lees y estudias y la cabeza se va para los lados, piensas y te pierdes en oscuros departamentos de la memoria, de tal modo te extravías en ellos que no distingues qué hubo de verdad o de mentira en tu pasado, qué fue de lo que llegaste a hacer o se quedó por el camino, qué se mostró más revelador, si la atención fiel de quien te quiso en sus brazos desde los vagidos iniciales o la sonrisa circunstancial que llegó diciendo vengo para salvarte de ti mismo, y que caíste en ella de bruces cuando acaso creías a medias y no querías admitirlo, y el cuerpo es una eterna persecución sobre sí mismo, una carrera perdida desde el principio, y esa fase engañosa en que dicen que debes considerarte maduro, pero en realidad ya estás empezando a pudrirte velozmente, y sigues exhibiendo la fantasía de un cuerpo que se desperdicia a sí mismo, por mucho que hagas yoga o te untes con cremas o convoques a las amistades que corearán tus ingeniosas opiniones, y que lo hacen porque ellas a su vez necesitan ser mantenidas en un estado de reconocimiento embaucador, y renováis unos y otros lo que denomináis proyectos de vida, es como un edificio, cuanto más viejo más se le aplican las correcciones, se le rehabilita de palabra, porque una de dos, un edificio si se rehabilita de verdad es ya nuevo y eso en el cuerpo humano no pasa, y si se dice que se le ha rehabilitado pero no ha cambiado su estructura entonces es un engaño, aunque a la gente le guste la apariencia que lleva implícita toda mentira, y como es un juego en que todos vamos aceptando apariencias y las transformamos en realidades y postergamos otras realidades más auténticas y vigorosas para ceder en la seducción de lo que parece pero no es, pues sucede que el mismo concepto de felicidad lo hemos revestido de forma comercial, y hemos ocupado el tiempo para dar satisfacción a las imágenes que nos han sustituido, y de ahí que algunos rebeldes del lugar, de la proximidad, alguno de esos rebeldes que moran en él mismo estén opinando que solo cuando el tiempo de la duración se termina es cuando se alcanza la felicidad, y esa especie de compensación de la nada para sustraer el fracaso de lo existente sigue siendo tan falaz como cualquier otra forma de las que conocemos en nuestro caminar cotidiano.




(Fotografía de René Groebli)



sábado, 6 de agosto de 2016

Aforismos del estío





No es de extrañar que el poder de las imágenes haya llevado desde la antigüedad a los hombres a una devoción entregada y voluptuosa.

El arte desarrolla la generosidad de la naturaleza. El buen arte potencia los dones del cielo y de la tierra.

Las imágenes figurativas han reconquistado periódicamente los imprecisos cerebros humanos. Justo cuando la palabra vendida como sagrada había mermado en su credibilidad. ¿Reside ahí el triunfo del Barroco español? Pero el Barroco también pereció.

La representación figurativa no siempre es lineal ni una venta al encargo, a la intención o al mensaje de quienes la han solicitado. Incluso en lo excesivamente realista y grotesco hay una rebeldía del autor de la obra, una denuncia, una duda sembrada.

Una obra bien hecha oculta otra dentro de sí misma. Incluso puede dejar líneas del lienzo o de la talla de piedra abiertas para otras posibles direcciones.

Y vuelta a la abstracción de los símbolos fecundos. Que es tanto como decir al origen, a la madre, al constante devenir. Naturalmente no hay símbolo más latente que el propio cuerpo. Macho y hembra humanos se remiten por mor de sus imprescindibles hormonas y con el aliciente de las feromonas al virtuosismo de hacer más llevadera la existencia. Una necesidad no menos perentoria que la procreación.

Dicen que las primeras diosas de la Humanidad, llamadas venus por los sabios, eran representaciones de la fertilidad. No se sabe a ciencia cierta si se trataba de la mera fertilidad de la especie o de la imaginativa y lasciva del deseo que se iba construyendo en un lento proceso del arte de la exquisitez.

Las imágenes domésticas solían estar hechas a imagen y semejanza de las que se amontonaban en templos, santuarios y posteriormente museos. Sin embargo los devotos han apreciado siempre más los iconos de proximidad. Eran tangibles, podían cambiarse con facilidad de mueble o arrinconarse, y no había que compartir besos con otros transeúntes como sucedía con la estatuaria de los mercados de la Fe.

Hoy las imágenes icónicas entran de modo más directo en nuestras mentes y sin necesidad de creer. Basta con que actives viejas mediáticas y nuevas domóticas y delegues en ellas.

Los seguidores de las nuevas técnicas son legión. Los pequeños, medianos y mediocres diosecillos se han impuesto en una relación personal entre mente y dedos de la mano desde la tierna infancia. Hay una comunión permanente del usuario con sus mundos que para sí hubiera querido aquel trasnochado Moisés y su código de conducta.

En este sentido, nunca el control del individuo fue tan exitoso como cuando el hombre acepta que otros le controlen desde fuera y él crea que se controla a sí mismo. Una madurez engañosa, asaz fraudulenta.

Si la religión es el opio del pueblo, según cierto crítico alemán de economía política, ¿qué es la representación exuberante de las deidades y de los hombres santos? ¿Una adicción viral, como se dice ahora con ese lenguaje superficial y cursi de nuestros días?

Y la actual devoción multitudinaria por tantos objetos y propiedades, ¿sigue siendo aquello bíblico de la adoración al becerro de oro que no cesa, pero adaptado a los tiempos? La diferencia está en que ahora cada individuo, familia o sociedad puede acceder a la carta de sus propios objetos de adoración. Nadie osa condenar la febril saturación del mercado. En parte porque, en mayor o menor medida, todos identificamos individualidad con posesión. Y porque si alguien pone alguna objeción se le responde con la letanía falaz de que gracias a la abundancia se crean puestos de trabajo. 

Las formas de las primeras diosas escultóricas ya lo dicen todo. En significado de pensamiento y en estética. Es en las formas donde reside la esencia de lo que se quiere representar. La forma es el lenguaje que deseamos todos escuchar desde tiempos primitivos. Lo que afina y permite prospectar en nuestros sentidos. 

Las esculturas de las primeras venus, ¿son alegorías o mapas? Acaso ambas cosas. Pero ¿acaso no hay mejor alegoría que la descripción del territorio de los cuerpos que se van descubriendo poco a poco?

Benditas venus primitivas. Ya os imponíais en tiempos tan tenebrosos a la oscuridad de la naturaleza. Probablemente ya desafiabais las primeras tentativas de una parte de vuestra especie por que no accedierais a la luz.

La adoración es la expresión de la carencia. Pero no se adora lo representado como divino porque el hombre anhele ser parte de la divinidad. Es el origen de la propia especie lo que marca en los seres humanos el sentido subconsciente de que siguen siendo parte de la naturaleza inhóspita. De ahí que los hombres necesiten inventar subterfugios para conjurar su propia condición de desarraigados.

Ni siquiera en la forma los hombres se distancian de los demás animales. Probablemente la belleza, por ejemplo, cunda más en otras especies. Sobre si también la inteligencia está tanto o más agudizada en los animales que en el homo sapiens, algunos científicos afirman que es obvio. Solo que se trata de mundos diferentes que no pueden valorarse de análoga manera. La competencia es un hecho, y entre los humanos ha adquirido una dimensión extremadamente sofisticada. De la aniquilación ya se va sabiendo que es una propiedad que nunca estuvo en manos de otra especie tanto como lo está en la nuestra.   

Hay que apreciar los dones del cielo y de la tierra. Cuando aparecen fundidos hay que extasiarse y dejarse llevar. No es obra de la casualidad ni de personajes inexistentes. Los artistas del Paleolítico trascendieron con sus venus mágicas el duro curso del caos. El empeño de los hombres de introducir su orden en el caos no es otra cosa que el desarrollo del arte.

Pero el arte no puede prescindir del caos si quiere regenerarse. La historia humana se ha encargado de amputar las maneras de la expresión y la creación artística. El plano más extremo del orden artístico es el mercado, el negocio, la imposición del valor de cambio sobre otra cosa. Así está hoy día el tema. Las venus paleolíticas, los caballitos y bisontes de las cuevas, las tallas de los bastones de mando nos evocan un mundo donde la expresión artística tenía otra dimensión, más que un mero valor. Aunque es evidente que el trueque ha existido siempre.

Trato de hacer ficción sobre la fase de acabado de una obra de la Prehistoria. O mejor dicho, sobre la exposición al público del trabajo. Una de aquellas mujeres representadas excelsas  -Willendorf, Brassempouy, Lassel, Lespugue, Dolni Vèstonice, Grimaldi...nombres en que la geografía de la población ha sido eclipsada por figuras míticas-  en piedra o arcilla. ¿Era lo que todos esperaban? ¿Nadie había imaginado lo que el artista les ofrecía? ¿Se pretendía de ellas protección o exhibición? ¿Invocaba la conquista de la naturaleza en la representación femenina? ¿Suscitaba aproximación o distanciamiento? ¿Cómo serían las emociones de los espectadores? ¿Apreciarían todos el trabajo? ¿Estimularía la obra a otros artesanos? ¿Se extendería de viva voz a otras tribus el evento nuevo salido de manos humanas? Etcétera.

¿Cuántas imágenes preservan las neuronas de nuestro cerebro? La imaginación propende al imaginario. Los rostros diferentes de éste son resultado de la estimulación cuyo vértice es el goce.



(No logro saber de qué autor es la imagen adjunta, olvidé apuntarlo al cazarla por la red)



miércoles, 3 de agosto de 2016

Aquellos estos árboles, 31






"Pero no te das cuenta, le digo, no te das cuenta de que si ponéis la guillotina en primer plano,
 y con tanto entusiasmo, se debe únicamente a que nada es más fácil que cortar cabezas, 
y nada es más difícil que tener ideas".

Fiódor Dostoievski, Los demonios.



Pensamiento y acción se necesitan, diría que se reclaman. Pero ¿dónde su vértice de encuentro sensato para que el vórtice donde naufragan no destruya la necesidad de la confluencia?



lunes, 1 de agosto de 2016

Instinto noble




No sé por qué me da que lo más noble de la política es, ante todo, instinto. Instinto de saber elegir, aunque sea para ponerse a salvo. Instinto de obrar con rectitud, conforme a las posibilidades del medio y de las tribus. Instinto de rebeldía si ves que no funciona la adaptación. Al fin y al cabo, se trata de recursos de la naturaleza humana que a veces la cultura no puede domeñar. En ese sentido, los dos ciudadanos que se escurren de entre los brazos de un tipo furibundo actúan por un sentido profundo de la política instintiva. Ejercitan su derecho a no aceptar ni por asomo a quien vocifera. Probablemente sus padres pertenezcan al mismo partido del personaje con aires energúmenos (No quiero ni pensar que hayan sacado a las criaturas de la inclusa para la foto) Ya se sabe cuánto gusta a los dictadores, incluso a los déspotas como éste, que les ofrezcan a los inocentes. Dejad que los norteamericanitos blancos y cristianos se acerquen a mí (esta cita me la ha inspirado el artículo que Paul Krugman publicaba ayer en El País Negocios) Pues bien, algún padre le ha prestado esas almas cándidas al señor de la foto, en un acto de sumisión que avisa de lo peor. Los inocentes berrean, tratan de escabullirse, alargan la manita en un que alguien me salve o bien codean en un apártate de mí, pestífero, que parece decir el más llorón. Acaso porque sospechan que un Herodes más perverso que el otro se esconde tras su acicalado porte. Que los padres que hacen dejación de sus nenes al exultante personaje de película de miedo se acobarden a su vez. Con semejante prueba, los chicos les pueden salir rana a las primeras de cambio, no se muestran ni dóciles ni condescendientes. Cosas del instinto poderoso que manda mensajes a la política. Claro que los hombres han generado una herramienta mortífera denominada cultura, cuyo doble filo arremete contra instinto, naturaleza y principios básicos de la propia convivencia. Debido a ello existe el señor de los negocios de la imagen que quiere ser el presidente (peligroso) del Estado más poderoso del planeta (de momento)


Nota. Recomiendo el artículo: 



(Fotografía de E.Vucci, agencia AP, tomada de El País)


domingo, 31 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 30




"El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?"

Luis Cernuda, de Lamento y esperanza.


¿Cuánto de nosotros muere cada vez que el otro, al que alguna vez hemos tratado, muere? (Frase tópico que suele repetirse con pretendida frecuencia salvadora) ¿Cuánto sigue muriendo en nosotros cada vez que nos enteramos de las muertes anónimas, espantosamente crecientes, que nos comunican a todas horas por los medios de comunicación? ¿Quiebra nuestro pensamiento cada vez que sabemos del fin de otros? ¿Arrojamos nuestras ridículas e incompetentes ideas al basurero de los detritos? ¿Regeneramos nuestra imaginación? ¿Abandonamos nuestra cómoda instalación personal cuando se nos dice de los desplazamientos de millones de individuos hacia las encerronas? ¿Seríamos capaces de cambiar nuestra ubicación por la de un moribundo, de aquel más íntimo del que incluso decimos que le queremos tanto? Nadie rescata a los muertos, ni siquiera la memoria. El ejercicio de ésta se desvirtúa poco a poco y se traiciona. No es cómodo reivindicarla en su manifestación más aproximada posible, se prefiere fantasear con ella. Se delega en los textos, en las imágenes, en los juegos pseudointeligentes. El hecho de la vida está anclado en cualquier punto de la alta e inextricable mar que es el caos. Los vivos, justificándose en sus ideas y en sus obras, permanecemos al pairo y no nos damos cuenta. Me pregunto si la muerte no será simplemente sino la propia mala conciencia. La inefable seguridad de que se ha vivido como nube, y el sueño ha sustituido al pensamiento. Probablemente Cernuda conociera los versos del poeta árabe Ibn al-Mu’tazz: "¿Acaso el mundo no es sino la sombra de una nube que, no bien el hambriento de sombra la anhela, se disuelve?". Creemos aprehender lo inaprensible. A la ficción que generamos le llamamos vivir. Que no nos sorprendan ni nos cojan desprevenidos los episodios que vamos escribiendo día a día. Un cierto grado de insolencia con la vida no viene mal. 



(Composición fotográfica de Francis Bruguière)


sábado, 30 de julio de 2016




Prefiero recordarte así. Tal como fuiste. Tal como fuimos.

(En nombre de otros tiempos en que éramos mucho más jóvenes y no cejábamos en ilusiones)




jueves, 28 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 29






"...encontraba cierto placer sensual en el manejo del lenguaje  -saboreando el peso y el gusto de las palabras, haciéndolas derretirse en mi boca como frutas-,  y ese placer desplazaba, 
en el orden de mis preocupaciones, los goces propiamente eróticos".

Michel Leiris, Edad de hombre.


Nada hay como un texto que ratifica alguna conducta de tu vida. Nada como pensar: a otros ya se les ha ocurrido, otros ya han pasado por las mismas sensaciones que tú pasas ahora. Cuantos más comportamientos que considerabas solamente tuyos ves que se reflejan en las narraciones de los escritores, más los tomas como pautas sagradas. Sientes entonces que la sacralidad no te llega desde principios abstractos ni desde ideas no comprobadas ni desde ansias febriles de no se sabe bien qué órbita que se te impone desde la infancia. Consideras sagrado comprender, por ti y por lo que relatan otros. Conocer y admitir que muchos de los acontecimientos íntimos no son solo cosa tuya, lo cual te libra de posibles complejos. Que muchas reacciones del hombre ante el mundo, y la naturaleza personal es el mundo más tangible que tienes, son compartidas por otros muchos individuos como tú, siempre en camino de hacerse para antes o después disolverse, sirve para que te sientas respaldado en el ejercicio de la vida. Esos márgenes de entender una ubicación, un resorte, una respuesta que te nace desde lo profundo y se alía en los oscuros túneles de ti, enlaza con tu misma sexualidad. Todo es necesidad de conocimiento, de saber lo propio y de utilizar lo exterior para afianzarte en el conocimiento de ti. La sensación del placer, adquiere así, dimensiones plurales, polimórficas, y los espacios de tu cuerpo, que son los de tu mente, se reconducen y, en modo más o menos sencillo o complejo, se armonizan e intercambian. Análoga sensación del goce por el contacto de otro cuerpo o sobre el propio tuyo se manifiesta con alegre hondura ante las palabras cargadas de significado pero también de construcción narrativa, esos juegos que por sí mismos te separan del contenido del relato para atraparte en la forma del como se cuenta. Pero también ante arquitecturas que se habitan, los paisajes que han devenido durante millones de años y que en su propio misterio te desborda, las tipografías que recrean alfabetos que paladeas, la música que se escurre entre las venas cuando la escuchas, las miradas que se fijan en el tránsito furtivo sobre otros seres de la calle, los lienzos que narran historias donde lo que te pierde es entender cómo las describen, las moras que comes junto a los zarzales. Vives la erotización de ti mismo a través del medio, de la que no sabes si es únicamente vehículo o acaso fin, razón de ser por sí misma de la existencia, y sin la cual tu esencia no se manifiesta y no queda compensada, por más objetos que te compres, más ideas a las que te adhieras o pongas en circulación, más lazos que establezcas con otros individuos para afianzar tu propia seguridad. Catas la sensualidad de los lenguajes múltiples que te esperan por doquier. Si aún creyeras en el mito de la divinidad sabrías a quién adorar.




(Ilustración de Manuel Boix)



domingo, 24 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 28




"La mayoría de los hombres preferirá siempre, a la verdad degradada por el vulgo
  -por ejemplo: dos y dos, igual a cuatro-  la mentira ingeniosa o la tontería sutil, 
puesta hábilmente más allá del alcance de los tontos".

Antonio Machado, Habla Juan de Mairena a sus alumnos.



El atardecer está desprovisto de nubes. Ahora sé que los colores del día son guiños caprichosos de la luz. La luz se extasía en sí misma, sin importarle el efecto que cause sobre nosotros. Siendo todo pasajero, pareciéndonos que se repitiera un paisaje análogo, sintiendo la certidumbre de que cuanto vivimos ya lo hubiéramos experimentado, ¿serán solamente guiños lo que nos quede por ver en adelante? Uno piensa que, en medio de la edad, la coyuntura y el lugar, nos hemos ido instalado en la broma, onerosa y burda, donde no cabe esperar demasiadas satisfacciones. La broma nos ha acompañado y nos ha envuelto desde hace más tiempo del que imaginamos. La broma es una soga que se trenza en torno a todos y que no se desata nunca. Nada se resuelve, nada tiene desenlace, nada se corrige, nada se endereza. La broma es una continua demora. Para qué va a servir que se invoque algo ejemplar, si todo el mundo se desentiende. Individuos e instituciones no afrontan las realidades y la espiral virtual se ofrece como entretenimiento, siendo como está al servicio del beneficio práctico de unos cuantos. Burla, bufonada, distracción. Rien ne va plus, lenguaje apto para esta sociedad casino que nos toca vivir. Aquí, ahora.



(Fotografía de Francesc Català-Roca)




viernes, 22 de julio de 2016

Anuncio (otro)




Soy de lo más divertido, créanme. Mi mecanismo de larga duración modelo Stars and Stripes les garantiza relajación frente a las emociones fuertes del año del Señor que llevamos. Y aún nos queda. Hagan girar a tope, pero delicadamente, mi cuerda con la llave incrustada en un costado y me pasearé tocando la campanilla. Seguidamente tendrá lugar mi invitación a que se queden en el mayor espectáculo del mundo. El leve movimiento foxtrot de mis pies, el tintineo de la esquila y mi aspecto rubicundo y sonriente les proporcionará paz y bienestar. ¿Que qué anuncio con mi porte de estilo años 30? La nueva era, amigos míos. La era Trump. Idóneo para nuevas generaciones que crecen sin enterarse de que la libertad no vale un peine precisamente. Adecuado también para viejas generaciones que han decidido clausurar voluntariamente la memoria anticipándose al proceso natural de las neuronas. Trump al caer. Por fin alguien que nos promete Ley y Orden urbi et orbe. Aunque solo de pensar en su manera de ejecutar el sacrosanto, si bien nada original ni bondadoso, principio se me salta la cuerda y ya no funciono.





miércoles, 20 de julio de 2016

martes, 19 de julio de 2016

Errores





Va saltando por el ribazo. Risueño, capturado por la euforia natural, no advierte que los juncos y zarzales son un brindis al vacío. Los pies se hunden de pronto en el falso piso, y la terraza se resquebraja bajo su cuerpo frágil. Se asoma con imaginación volátil y cae. En el descenso, que no es vuelo sino precipitación, no sabe dónde está y el instante se prolonga, como si no existiera transcurso alguno. Ausencia de pensamiento en ese breve plazo, huida de toda memoria. El impulso agita vertiginosamente su corazón ligero, pero leal. Las zarzas espinosas amortiguan la caída y una vez allá abajo se anonada. Luego, espabila. Siente el cuerpo como siempre, no sintiéndolo apenas. Para él, el cuerpo es algo que debe pasar desapercibido, y que en ocasiones envía mensajes quebradizos, pero que está. Los arañazos que le producen las púas de los escaramujos y zarzamoras duelen, pero él agradece la bondad de que le esperasen para recogerle en volandas. El rumor del río lanza un grito agudo de frustración, reclamándole en vano. Se levanta dolorido, cojeando, mira sus brazos y sus piernas, se palpa la barbilla. Hay rojas caligrafías sobre su piel. Suspira. Luego  hace un guiño burlón a la corriente oscura, mientras los gritos de los demás acuden, más alarmados que él mismo, hasta su presencia a salvo.  El error, subsanado por el azar, ratifica su vida.



(Fotografía de Lucy Nuzum)




sábado, 16 de julio de 2016

Vae victis!




Una fotografía del fallido golpe de estado en Turquía. Me sugiere de pronto una frase histórica: ¡Ay de los vencidos!  Luego se me ocurren otros pensamientos, pero el horror me hace callar. El hombre es un monstruo humano para el hombre, si se me permite la redundancia (No utilicemos la imagen del lobo como excusa, Mr. Hobbes)


(El pie de foto de El País dice literalmente: Civiles golpean en Estambul a soldados involucrados en el golpe.  GETTY IMAGES)



viernes, 15 de julio de 2016

Sangre contra la belleza




Una vez más los intolerantes fanáticos muestras con hechos su odio a la belleza. También a la humanidad. En su día arremetieron contra el placer de la audición musical, la libre elección hedonista y el asueto de ciudadanos en la sala Bataclán, París. Ahora contra el hermoso espectáculo de los fuegos artificiales de la noche del 14 de Julio en Niza. Eligen la concentración de masa humana para causar más daño físico y una fecha de celebración especialmente significativa para inferir más castigo moral. El espectáculo de los fuegos de artificio sobre el mar, durante el cual los vecinos de Niza y alrededores llenan el precioso Paseo de los Ingleses, es algo que no olvidas nunca. La gente de toda condición social, turistas y vecinos, en gran parte trabajadora, acude al disfrute con familias enteras. La simpatía se instala y no te sientes extranjero, porque a la gente le une un comportamiento humano que persigue la belleza y la comparte. El terror busca que olvides la hermosura de este tipo de cosas, de apariencia menor pero que los humanos cargan de un sentido con el se identifican. Mas busca incubar a su vez respuestas intolerantes en el contrario, salvo que la Razón se imponga. La estética no existe para esos malditos guerreros del pánico y de la irracionalidad, cuyas acciones están calculadas y forman parte, para ellos, de la propia dinámica de guerra. La humanidad no existe para las mentes enfermizas, cuyas motivaciones últimas hay que buscarlas en ideologías religiosas nefastas, en justificaciones políticas abominables, en intereses oscuros y ocultos que incentivan la mano criminal, en personalidades desquiciadas y enajenadas. Un cóctel de violencia contra el ejercicio de placer sencillo de los vecinos de una ciudad. Una vez más hay que lamentar y llorar. Nadie estamos libres de que la barbarie aceche nuestra propia carne.


(Foto capturada de internet)


jueves, 14 de julio de 2016

Qué bajo has caído, club





No, directivos solapados del Barça, no. No somos todos, ni por el forro, como en vuestro hashtag: #Todos somos Messi. Ese señor ha delinquido y ha sido condenado en un juicio, por lo tanto llámese al pan, pan y al vino, vino. ¿De verdad quieren que todos seamos como ese condenado o como otros personajes sospechosos de delito? El río revuelto solo lleva al no entendimiento y a tirar piedras contra nuestro propio tejado. Vamos por mal camino si gente normalita que se supone que paga impuestos cae en la frivolidad de apoyar campañas interesadas de un club de fútbol. ¿O tampoco los paga? ¿Quién genera las sombras de sospecha? Mal los forofos que tienen en lugar de cerebro un balón, del que obtienen cuantiosos beneficios directivos y jugadores, a més a més dels negocis d'uns i altres, mal los que corean al pastor como borregos. Un dato más de lo que huele a podrido entre Creus y San Vicente, entre Touriñán y Gata...Me duele en especial que esto pase en Cataluña, a la que tanto estimo. Esos comportamientos de grey, que consienten una politización malsana del fútbol, no traen nada bueno para nadie. La mierda en verano huele mucho más, oigan. Me pido la doble nacionalidad. Por supuesto no la de los que solo creen en una. Cuánto anhela uno ser español pero de otra España, en la que no quepan el clientelismo, la corrupción y la intolerancia. Una España metaporquería. Temo que sea pedir peras al olmo.



(Ilustración satírica de Guerra, titulada Tumor)


miércoles, 13 de julio de 2016

Juan Peña, El Lebrijano





Qué invocación. Qué himno. Qué propuesta. Qué aspiración.

Tuyas son las aguas de los mares, las tormentas, la tierra misma, el aire, y ya te ves al fin pájaro de las marismas.

Gracias, Lebrijano.



lunes, 11 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 27





"No pidas que los sucesos ocurran como tú quieres;
 tómalos gustoso como vienen y encauzarás bien tu vida."

Epicteto, Manual.



(Al modo del Enchiridion

No digas nunca: me siento culpable de no haber hecho lo que pude hacer. O: me arrepiento de haber perdido aquel tiempo. O bien: si yo hubiera seguido aquel consejo. Ni siquiera digas: fui torpe, llegué tarde, no supe estar. Ni se te ocurra perturbarte al pensar: me siento frustrado por no haber tomado en mis manos lo que se me brindó y no supe aprovechar. Nunca sabrás qué vino contenía la copa que, en los momentos críticos de tu juventud, te fue ofrecida. ¿Y si su contenido era ácido? ¿Y si los taninos te hubieran envenenado? Piensa más bien en cuanto de grato ha habido en las situaciones que has conocido al desviarte de los caminos sugeridos por rectores y costumbres, y en lo que te han aportado. Hazte fuerte con el conocimiento que ha llegado a ti desde muchas sendas, y que sigue fluyendo jugoso. Agradece el encuentro con multitud de individuos de los que has aprendido, precisamente por ser diferentes todos ellos. Valora los afectos que en cada momento te han arropado y también te han modelado. Asómbrate cada día con las pequeñas sorpresas y no te dejes influir por lo que zahiere. Reconoce lo valioso que ha sido tener siempre cerca a personas que te han proporcionado seguridad y se han portado generosamente contigo. No te dejes espantar por las nefastas visiones del pasado, pues nunca quedaste labrado de una vez para siempre, sino que te sigues tallando día a día.






sábado, 9 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 26





"Por mi vida que la senda
no se ve, nos extraviamos".

A.S.Pushkin, poema Los demonios.


Pisamos un camino que exige un constante ejercicio de desbrozo. Solo hay un tiempo en el que se vive, de tal modo que, apenas se deja atrás el último espacio recorrido, la senda vuelve a llenarse de fronda espesa. Se nos oculta con rapidez el pasado, por las propias desfiguraciones que la memoria nos juega. Nos resultan imposibles de situar con claridad los pasos hacia adelante porque estos los damos en función de un cálculo cuyo resultado puede variar de un instante a otro incluso. Si tuviera que representar la historia del hombre individual -ciertamente aplicable también a eso llamado colectividad- imaginaría al hombre común como un ser esforzado y fatigado que no cesa en el ejercicio de desbroce de sueños, de recuerdos y de quehaceres cotidianos siempre inseguros y de una trascendencia relativa y  pasajera, por mucho contenido que se le quiera dar a estos. ¿Solo cabe, pues, un modo de vivir extraviados, como diría el poeta?   






jueves, 7 de julio de 2016

Misceláneas ingenuas de ayer a hoy




Hoy se inaugura esa carrera anual, que los nativos denominan encierros, en que una pequeña manada de toros y cabestros corren, seguramente despavoridos, delante de una masa de energúmenos vociferantes pertenecientes a la especie humana, poco bravos y sí extremadamente gregarios. Mucha suerte a unas y a otras reses.




Cuesta entender cómo algunas de las sociedades supuestamente más avanzadas y cultas del planeta pueden elegir para que les representen a cierto tipo de individuos. Un informe británico ha desvelado las mentiras en las que su premier incurrió, e incluso éste pretende entonar un cierto mea culpa. Por supuesto, ingenuo sería esperar que el comparsa español hiciera algo semejante. No perdamos las esperanzas. Aquella caja de los truenos de Irak se abrió y de aquella invasión esta oleada de terror creciente en la Mesopotamia y en tantos lugares del mundo.



Aunque el género humano, a través de sus culturas sofisticadas, convierte todo en juego, da igual que se trate de encierros, de guerras, de elecciones parlamentarias o de entretenimientos virtuales, hay actividades de apariencia inocente que suscitan sonrisas. Cuando lo simbólico polariza las manifestaciones de la naturaleza humana, reconduciendo pacíficamente la agresividad, la competencia, el valor y la medida de las propias fuerzas, da gusto. Es como si de pronto el mundo real se hubiera parado y todo resultara una ficción. 




La figura de un festivo personaje pamplonés llamado kiliki siempre me fascinó. En la infancia me espantó. Recibir los golpes de una verga de cerdo hinchada no causa daño alguno. Sin embargo, los rostros de los seres de cartón piedra y sus movimientos ágiles persiguiendo al público, infantil o adulto, pueden horrorizar a las almas cándidas. Los padres se empeñan en confrontar los temores infantiles a esas representaciones dieciochescas, en un intento de rito de superación o algo parecido. Algunos no lo logramos nunca. 




Pues eso: ¡Viva San Fermín! (Otro personaje, obispo según dicen, que han logrado que sea más importante que Pompeyo, el fundador de la ciudad en la época de Roma. No obstante, hoy día, salvo para sus fervorosos seguidores, apenas es un grito anual, otros dirán que invocación, y se ha impuesto como el reclamo de la fiesta pagana y del negocio de los mercaderes. No obstante, uno tiene su punto de reconocimiento y, principalmente, de riqueza de recuerdos)




miércoles, 6 de julio de 2016

Ya hemos conquistado Júpiter, señores





Algo venía oyendo desde ayer sobre una sonda llamada Juno, enviada por la NASA, que llega a Júpiter. Naturalmente llega a la órbita, pues ahí no es nada aproximarse lo máximo posible a otro planeta. Estos humanos son unos ciencios, que solía decir el viejo labriego de mi pueblo. Por supuesto, hay que estimar en grado sumo la ciencia y la técnica que, además de mejorar la existencia (otra cosa es el reparto de bienes, otra cosa es el uso de la ciencia para la destrucción), permiten que el individuo y las sociedades no sean pasto de la superchería y la religión, del oscurantismo, en una palabra. Pero...la ciencia y la técnica no garantizan por sí mismas librarse de la soberbia, ni de la vanidad, ni del enfoque épico. "Estamos allí. Estamos en órbita. Hemos conquistado Júpiter", dicen que dijo el jefe investigador de la agencia estadounidense. ¿No suena al viejo relato de la conquista del Oeste, llevada a cabo a sangre y fuego? Ay, no me quiero quedar con el golpe de euforia (que no es solo euforia, pues todos sabemos del orgullo de los poderosos de la Tierra) del señor de la NASA. Pero me hace gracia que este paso sin duda importante, aún tímido, del que todavía no sabemos qué fruto proporcionará a la agencia espacial, sea tomado como el todo. Ya está, ya han conquistado el planeta Júpiter, cuyo volumen, leo, supone el de 1.321 Tierras. Chicos listos estos de la NASA, sin duda. Y también que no tienen abuela.Claro que en nuestro planeta todo se vende: hasta las expresiones, o acaso como nunca las expresiones. 





lunes, 4 de julio de 2016

Nadie (de los nuestros) llora por Bagdad





Bagdad, Bagdad, ¿qué fue de ti?
¿En qué momento de la historia los tuyos no te quisieron?
¿Desde cuándo se conjuraron tus enemigos para impedir que vivieras en paz?
¿Por qué el dios de vuestras familias tornó en mano vengativa
y envió ángeles a que chocaran entre sí para impedir que durmieras segura?
¿Fue acaso aquel que creías benevolente un vengador 
desde el momento en que los profetas de la ignominia decidieron su rostro?
¿Qué fue de aquella otra tradición donde se reconocía
que el hombre se fundamentaba en el hombre
sin necesidad de una fe destructora?
¿En este fuego degeneraron vuestros oficios, se consumió vuestro saber,
se diluyó vuestro sentido del placer?
¿No será posible contemplar el Tigris
sino bajo el denso color de la sangre de tus hijos?
¿Qué has hecho para que los extranjeros que consuelan las desdichas
de otras ciudades del mundo 
no se acuerden de ti cada vez que el crimen se ceba en tus habitantes?

Bagdad, yo te evoco desde mi impotencia.
Me indigno por los crímenes alevosos 
que la mano invasora convirtió tu cuerpo en mil llagas.
Me horrorizo con el desgarro que causan
día a día los asesinos de tu propia casa. 
Aborrezco la intolerancia de las facciones
que alientan el ojo por ojo y convierten a los inocentes
en víctimas de las peores alimañas.
Pero no basta.
Y mis palabras son lágrimas perdidas
que nadie bebe.

Algún día pasearé de nuevo por las riberas serenas
de tu esencia, Bagdad.
Te pediré perdón por el olvido de los míos.
Y sé que tú me acogerás.




(Imagen: Postal de los años 6o del siglo pasado)



sábado, 2 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 25






¿Vamos hacia una recuperación expresiva y caligráfica de las paredes? Sigo captando ejemplos por la calle.Tan pronto doy con una declaración amorosa como con una reivindicación de derechos. Algunas citas, de extremada contundencia. Veo en tal práctica una recuperación del alfabeto con sus infinitas posibilidades. Veo una conversión sintáctica de los materiales de una pared. Dados los límites que las instituciones políticas, sociales y jurídicas imponen, nada como el grito creciente de los muros, parecen decir algunas manos anónimas pero bien definidas. La vieja pintada nunca muere, como aquel rock. Nada muere cuando se actualiza. Todo perece cuando se calla. Nuestras ciudades no son de los eslóganes publicitarios comerciales, aunque campen con toda la cancha que se les da desde los ámbitos de la gestión pública. Los mensajes burdos o insulsos, habituales en tapias o fachadas, deben dar paso a los cabales, a los estimulantes, a los creativos. Expresarse con argumentos es siempre una llamada a eso tan desvirtuado llamado conciencia. Cuando uno lee, por ejemplo, "vivas nos queremos, basta ya de violencia machista", se llena de estupor. Que se haya llegado a estas alturas a la reivindicación de la propia existencia frente al crimen debería hacer meditar a los biempensantes y a los que ignoran con cierta alevosía lo que sucede. Que entiendan por qué se generan tal tipo de quejas. Las calles van recuperando su pedagogía de pizarra, que se creía obsoleta. Ya ves.




jueves, 30 de junio de 2016

La foto del error




En esta fotografía se ha producido un craso error. Concédanse 60 segundos para descubrirlo. Una vez transcurrido el tiempo, arriesguen interpretaciones.


Solución. El error de salir a la calle, desde su palacio episcopal, del jefe de la Iglesia Católica Española cuando hacía un alto la marcha ciclonudista que todos los años se celebra por estas fechas. Como diría el profeta, por su adusto rostro lo conoceréis. No obstante, su decisión habla a su favor. Afortunadamente, la calle es de todos, señor Blázquez.


(Fotografía tomada del digital http://ultimocero.com/noticias/2016/06/18/la-marcha-ciclonudista-cumple-diez-anos-pedaleando-en-pelota-picada-por-la-ciudad/ )



lunes, 27 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 24




"Desconoces la tierra
en la que cada día me hundo
y en la que nutro sílabas secretas."

Salvatore Quasimodo, Viento en Tíndari, de Aguas y tierras.



Condenados a la noche los hombres viven deslumbrados por débiles resquicios de luz. El humus que pisan hiede, pero no parece importarles el olor a lo muerto. Siguen presumiendo de ser animales de superficie, cuando solo se mueven por galerías subterráneas. Se arropan y se tientan entre sí, temerosos para explorar los caminos. Se entregan una y otra vez a las voces más ajenas, olvidando el aviso de muchos que les precedieron. Tanta reincidencia les pierde. La conducta de la costumbre y la satisfacción de lo perentorio les basta. Su objetivo es ganar un día más. Y en la hora oscura de la jornada, sin que sepan distinguir si hay alguna hora que no lo sea, buscarán la placidez ignorando, y a la vez asumiendo, que son de otros. Y sin embargo...



(Fotografía de Brassaï)


sábado, 25 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 23





"¿Ahora quién nos ha convocado así? ¿A quién tan grave urgencia le apremia? 
¿Es de los hombres jóvenes o de quienes son ya mayores?".

Homero, Odisea, Canto II.



Si estás, agradece que estés. Es lo que me digo a mí mismo con íntima cautela. Y no, no va la frase de zen ni de esotérico. Va de gratitud. Ese pensamiento me produce calma. O es la calma la que incentiva que se me ocurra tal simplicidad, no por sencilla menos constatable. Esta sensación de levantarme hoy con una cierta claridad, y no me refiero a ideas sobre el mundo ni sobre el hombre genérico, me proporciona una modesta pero inusitada alegría. Bagatelas, tal vez, suspiro. 

(Mientras las reglas el juego social evocan para hoy el discurso de la reflexión, que puede ser tan extenso en unos como baldío en otros, mi yo invoca el mero estado sensorial tranquilo. Confesaré que del asunto electoral en ciernes, del cual no sabe uno qué parte es suya y qué parte es ajena, o qué porción te hacen creer que te pertenece y cuánto de la tarta está siempre en manos de los mismos, poco espero. Creo que yo, y muchos como yo que venimos de cierto itinerario iluso, somos víctimas de nuestro excesivo entusiasmo del pasado, de las esperanzas cultivadas (nada hay más equívoco y perjudicial que cultivar con adoración la esperanza) y de un permanente estado de autoengaño sobre la supuesta política, la de la rectitud, acerca de la cual no nos hemos quitado del todo una cierta visión redentora, cuando no justiciera, que conduzca a los mundos mejores. Ya no más. Me quedo en los mundos sutiles)

Si estoy, agradezco estar. Por supuesto, nunca es tarde para desbrozar caminos de fronda que ocultan los malos bichos. Nuestro padre Odiseo (no hay como una figura literaria para reconocer en ella al padre) fue tentado por múltiples apariciones seductoras y conminado por otros tantos peligros con fiero rostro, y llegó al puerto de la calma. ¿No nos ha de pasar algo análogo a sus hijos, sometidos a monstruos de menor calibre y a seducciones más toscas de los humanos?



(Imagen de Chris Marker)


jueves, 23 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 22




"Y sin embargo, el encantamiento de la vida está intacto cuando se la vuelve a ver por primera vez".

Vergílio Ferreira, Pensar.



En el cruce de la calle estrecha con la ancha se hacía la hoguera. La altura baja de las casas molineras proporcionaba a las calles una amplitud visual que hoy no existe. También un espacio donde contener el riesgo de una magnitud que no debía irse de las manos. El día había sido muy agitado. Los chicos del barrio pasaron toda la jornada sacando enseres desvencijados que se habían guardado para la ocasión. Aún se apuraban las últimas horas para recabar de vecinos o establecimientos sillas rotas, cestos de mimbre raídos, vasares de desecho o puertas carcomidas. El niño miraba desde el balcón la algarada que se traían unos y otros para el ritual. Mi barrio competía con el más próximo por la fiesta del fuego. No había cohetes ni fuegos de artificio, pero sí expectación. Al anochecer se prendía la pira. No hay nada que magnetice más a los humanos que la visión de las llamas. Los vecinos más osados azuzaban la fogata al menor síntoma de rebajamiento. Cuando la dimensión de aquel edificio de fuego había mermado y quedaba un diámetro, aún considerable, de brasas los adolescentes y jóvenes más ágiles saltaban una y otra vez sobre los restos del monstruo. Había algo de dominio del hombre sobre el elemento naturaleza. El niño creía que también de trampa. Al fin y al cabo el fuego tenía sus leyes, había devorado el ajado mobiliario y los pisos caóticos que se habían dispuesto se habían venido abajo. El niño descubrió el temor al fuego y la medida del hombre, adaptada a su propia capacidad de juego. En el cruce de la calle amplia con la calle más angosta de mi infancia permanecían rescoldos que se iban apagando con lentitud. Algunos permanecían contemplando la merma de aquella energía devastadora. Por la mañana la ceniza dibujaba un mapa pardo sobre el pavimento. ¿Implicaba aquella liturgia una serie de simbolismos que entonces no se nos explicaban? No sé en qué momento desapareció la tradición inocua de las hogueras por barrios. Supongo que con el salto de una miseria contenida a la condición de la humilde pero digna pobreza. Historia del país. Nunca ha querido el niño volver a contemplar las piras del solsticio recién estrenado. Pero la memoria de aquella hoguera deslumbrante y caprichosa permanece dentro de él como un tesoro que le invita todavía a hacerse preguntas.



(Fotografía de Carlos Pérez de Rozas)


miércoles, 22 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 21




"Ama a quien quieras con el corazón,
pero ámame, a mí solo, con tu cuerpo.

Nadie ama solamente un corazón:
un corazón no sirve sin un cuerpo".


J.M.Fonollosa, Park Street, de Ciudad del hombre: New York.


El campo de las metáforas no solo trastocó el uso del lenguaje. Estableció principios, sustitutos de conceptos, devaluó el sentido de la designación de cuanto se iba conociendo. En lo literario, también en la conversación ordinaria, queda todo muy bonito. Dan juego. Amplían la imaginación, sustituyen a veces lo real. A pesar de las metáforas, nos entendemos. Pero acaso debido a las metáforas, nos confundimos. Persisten esas dualidades pseudoconceptuales tipo cuerpo/mente, cuerpo/alma, sexo/corazón, etcétera, que la gente practica en un diálogo cotidiano tal si estuvieran enfrentados o, al menos, no vivieran en el mismo hábitat. Como si el cuerpo y sus manifestaciones padecieran una escisión permanente. En el océano de los creyentes religiosos la gran metáfora es Dios. A veces le ponen rostros. Lo normal es el maniqueísmo imperante, el uso ad hoc del concepto según le vaya a uno bien o no le luzca la vida, según quiera justificar unos actos o desear otros que no le son alcanzados. Dios sería únicamente una hermosa imagen si no tuviera como contraprestación la entrega y sumisión de la voluntad del individuo que cree en el concepto. Una metáfora sustitutiva, arrogante, que da idea de la debilidad del hombre. ¿La soledad de los hombres, que diría Sartre? Hasta dónde llegó la metáfora se condensa en el aparentemente antónimo Dios/Diablo, proyecciones. sin duda, de la sencilla división bien/mal que no es tan sencilla cuando el valor que se otorga a unos actos u otros se transmutan, muchas veces en lo opuesto, en función del interés ocasional del individuo o de la colectividad. El poeta Fonollosa, hablando del amor, fue pragmático e irónico. Sincero. Objetivo.



(Fotografía de Nobuyoshi Araki)


lunes, 20 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 20





"¿Por qué soy azotado con estrellas
en la desnuda noche iluminada?
Un ciego aroma viene y me embriaga
para que vuelva el niño, y ser el que era".

Francisco Brines. De La última costa.


Las vivencias con un sobrino de nueve años reverdecen mi propia personalidad a los nueve años. Tal vez por eso creo entenderlo mejor que otros. Puede que busque una proyección hacia atrás de mí mismo. Me miro en él como en un espejo, aunque no todos los objetos de fondo sean semejantes. O en un túnel del tiempo que me reclama con tranquila expectación. Yo hacía lo mismo, suelo decir a terceros. Su sentido del juego, su excitación constante ante la novedad, su capacidad de diálogo, su bondad a ratos, su picardía frecuente son una fuente continua en la que me parece beber de mis propias experiencias infantiles. No digo que su nerviosismo latente, que hace que todo lo toque y todo lo agite, no me saquen de quicio alguna vez que otra. Pero me entusiasma. Naturaleza bruta que se entrega para dar de sí y para sentirse receptivo. Y esa capacidad de indagación, que nunca sabes si es una pose y un puente tendido con el adulto, o un extremado interés por saber. De ahí las preguntas que un niño hace y que un adulto no sabe responder. Pero ¿acaso un adulto debe responder a todos y cada una de los interrogantes que le plantea un niño? La mayoría de las veces no sabemos responder correctamente. La mayoría de las veces damos respuestas convencionales, o simplemente salidas largas que aplacen para más adelante el razonamiento. De ahí que últimamente pienso que acaso sea más importante ayudar a razonar, iniciarlos, estimular el interés. Aunque un niño siempre desarma a un adulto, pues el interés parece crecer con él, sin que tenga un rector encima que le sugiera. Me miro en la imagen del sobrino de nueve años y me gusta creer que soy yo pero, eso sí, con una cierta superioridad sobre mí mismo. Como si su presencia de esta época complementara la presencia de mis nueve años en aquel tiempo y lugar tan diferentes. Oigo con frecuencia en el entorno: es que hoy los niños saben mucho, y esta opinión se refiere más a la vida cotidiana que a lo lectivo, por supuesto. Un viaje a mi propio pasado a través de una energía en acción de nueve años. Cierto que uno ha olvidado muchos detalles sobre el comportamiento cotidiano de mi niñez. Cierto que aquellas frondas estaban más prietas e inextricables que ahora. Cierto que el viento era más monolítico y menos vario, pero los márgenes sobre la interrogación acerca del mundo, de la vida, de uno mismo existían. Y eran muy ricos. Y más valiosos si alguien, cerca de ti, te escuchaba atentamente. Aunque de entonces viene también aquella afición por los cuentos  -¡le contaban tantos a uno para distraer respuestas!-  que han jugado un papel fundamental en la vida ilusionada que uno ha vivido. Las vivencias con mi sobrino, ¿son solo un método para repensarme? ¿Una suerte de resiliencia con que afrontar lo desabrido de la edad provecta? ¿Una carga lúdica que invita únicamente a disfrutar por disfrutar? La risa se instala entre ambos. Malo el día que uno de los dos frunza el ceño. Por cierto, ahora recuerdo que tengo que jugar al futbolín de verdad con él y enseñarle a hacer tirabeques con que liberar energía contra botes de latón.



(Fotografía de Nobuyoshi Araki)