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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 28 de marzo de 2017

Bosníaca. Huellas





Un antiguo francotirador arrepentido hace pedagogía a la contra en un corro de hombres de edad, mayormente. La metralla de las casas son huellas. Pero no hay que seguirlas, pues no conducen a ninguna parte. Pero no hay que borrarlas, cada vecino debe tenerlas a la vista por si se vuelve desmemoriado. Y para que los que tuvieron que irse vean algo más de lo que oyeron. Y para que los que sobrevivieron reflexionen sobre el odio y su espiral sin salida. Y para que el viajero que viene a visitarnos sepa que la historia no son los libros ni los relatos sino las heridas infligidas y sufridas. Esos agujeros, dice el arrepentido con complejo de culpa, son cordones umbilicales que nos vinculan a nuestra propia barbarie. Aún nos atan a ella y no acaban de cicatrizar y caer. Muchos no quieren cortarlos porque no ven la barbarie como el cuerpo madre. Aún buscan en sus tradiciones e identidades la justificación. Ni perdonan ni se arrepienten. Por ellos las fachadas de muchas casas se habrían revocado borrando los boquetes. Yo mismo causé la historia de este modo tan destructivo. Porque, en contra de lo que es creencia generalizada, la historia no se hace ni se escribe, se causa, se provoca. Se vive con el riesgo al acecho en su propio embrión. ¿Por qué la historia acaba siendo siempre devastación? Mientras habla en la tertulia escucho comentarios. Desde entonces está trastornado, dicen algunos. De qué se arrepiente, a buenas horas, dicen otros. El mal sí se hizo y él fue de los que lo ganaron a pulso, desvaría uno desde el rincón. Ahora dice que es de los nuestros. ¿De los nuestros y se obstinó desde aquel nido a hacer la vida imposible a los que iban al mercado?, le disputa otro. Él, que ha oído cada opinión, y ha escuchado ya tantas, no se atreve a llevarles la contraria. El maestro de la escuela cercana, que no es ni joven ni viejo, me lo aclara. No es un hombre muy hablador. Estuvo varios años preso, luego desapareció de la ciudad. Hace lo posible para pasar desapercibido, pero a veces viene a la plaza y se siente extrañamente obligado a perorar. Los turistas le hacen fotos y él les muestra la metralla en muros y taludes, y les acompaña por la orilla del río. No pide dinero, aunque está en la miseria. Cuenten en sus lugares de procedencia lo que les cuento, les dice a cambio.      

 


(Fotografía de Inés González)



sábado, 25 de marzo de 2017

Bosníaca. Mirada




Las últimas nieves se resistían a desaparecer. ¿O no eran las últimas? Desde aquella altura yo veía el cielo que se precipitaba con brusquedad sobre la ciudad y me estremecía. ¿De temor o de placer? Las nieblas descendían, atropellándose, borrando a su paso el bosque, los edificios y, lo que era peor, la historia misma. Fue en ese instante cuando caí en la cuenta de que la oscuridad siempre había estado presente. Que si las tormentas y las estaciones y todos los elementos de la atmósfera habían repetido hasta la saciedad su caos y circunstancialmente habían restablecido su armonía para de nuevo volver al caos y así desde el principio, antes de que el lugar fuera poblado, desde antes, mucho antes, de que hubieran llegado animales y hombres de paso primero, a asentarse más tarde, me di cuenta de que también los hombres se habían disputado con la más abominable vehemencia territorios y posesiones. Desde sus aristas cubiertas de creencias vacías con las que pretendían justificar su existencia, pero pretendiendo, en realidad, imponer sus dominios, los mismos seres humanos llegaban disfrazados. Unos a otros pretendían hacerse ver como seres diferentes, y se amparaban en sus colectividades particulares, sacralizándolas. Unos a otros trataban de imponer sus limitadas razones, sus demediadas verdades. Desde aquella altura yo no solo contemplaba el caserío silencioso y apocado. Miraba sin querer, por inercia, el pasado, eso que unos y otros llaman historia y la magnifican y la cantan para su propio punto de vista. Nadie de los hombres enfrentados, hoy subrepticios y alimentando con ideas irredentas su presente, quería ver lo acontecido en siglos como si se observara la naturaleza. ¿Por qué coincidían en interpretar los fenómenos de ésta y no osaban ponerse de acuerdo en sus propios asuntos? Por qué no eran capaces de trascender, de superar diferencias, cerrando el pasado de sangre, ellos que no eran tan distintos? Aferrados a símbolos, a ritos, a invocaciones, a ideas falsas, cada cual vociferaba sobre el otro, como si no hubieran aprendido lecciones dadas anteriormente. Yo miraba la ciudad y acaso me equivocaba. Erraba al verla como maqueta, como un juego, como una belleza que pudiera existir y redimir por sí misma a cuantos seres habían contribuido en parte. Pero ¿qué otra cosa podía hacer sino asombrarme?




(Fotografía de Inés González)




miércoles, 22 de marzo de 2017

Bosníaca. Equinoccial





La aurora se mostraba fría. La nieve de los tejados se deshacía sordamente. La voz del muecín iba quedando atrás. La hojarasca crujía. La helada había quemado la vegetación. El lago amanecía más verde. No soplaba viento. Música de los pequeños ruidos del bosque. Ella estaba sola. Me senté a su lado. La miré con cautela. La hablé con dulzura. Ella hizo oscilar sus pétalos. Me sobrecogí. La luz, más consistente, logró prender su pequeña llama. Luego permaneció quieta. Me miró con sorpresa. ¿O fue con desdén? Se abrió lentamente. Quién eres tú, dijo de pronto. Por qué has venido desde tan lejos, preguntó con curiosidad. No sé, respondí. Tal vez ya he estado antes aquí. Y tú no lo has sabido. ¿Vas a quedarte esta vez?, dijo con voz apocada. Yo estoy siempre pero nunca me quedo. Si me quedara dejaría de estar y entonces me odiarías. Se hizo silencio entre nosotros mientras los hierbajos chasqueaban bajo mis pies. No odio al que viene a buscarme desde lejos, dijo al fin. No odio al que me espera. No puedo querer mal a quien me observa con placer y goza de mi compañía, aunque sea efímera. El tiempo de la contemplación nunca es fugaz si no queremos que lo sea, le corrijo. Si el mirar es intenso se queda dentro de nosotros. Si no me muevo de aquí dejaré de ver. Necesito ir para volver. Necesito atravesar la cordillera para urgir mi retorno. Sé que no seré el mismo después de marcharme, digo. Por eso vengo a verte, para ser siempre otro. Entonces la pequeña llama irradió sobre mis pupilas, como si tuviera delante un desierto rojo. Si quisiera, dijo, ahora mismo dejarías de ver. Pero tú morirías al instante, le repliqué. Y tú vagarías sin encontrarme. Es que no habría nada que encontrar, le respondí nervioso. No habría nada que mereciera tu búsqueda, arguyó iracunda. Cuando la visión del desierto desapareció y mi retina quedó limpia sentí congoja. La seca vegetación crepitaba. A ella no la vi más.       



(Fotografía de Inés González)


martes, 21 de marzo de 2017

La poesía de mi vida por excelencia, sin dudas




En esa moda o fiebre o manía o interés comercial o apaciguamiento de conciencias indomables o combate contra el aburrimiento por celebrar algo cada día del año y a veces más de una celebración en el mismo día, dicen que hoy está declarado como el Día Mundial de la Poesía. ¿Será por la primavera que ha venido y que por estos pagos parece invierno? "Ah, ladina primavera/ cuántas sonrisas sin rostro/ inmerecida fama/ pues incubaste tu floración en secreto/ contenida y sagaz/ hasta irrumpir un día de estos por las calles/ cual exhibicionista seductora", canta el vate que me invento.

Si tuviera que elegir una poesía que me ha afectado positivamente en mi vida, no me cabe duda, elegiría la de Samaniego. Fue la primera que me aprendí. No, miento, la primera fue:

"Jesusito de mi vida,
eres niño como yo,
por eso te quiero tanto
y te doy mi corazón".

Pero no sé si se considera poema, jaculatoria, oración o invocación, y en cualquier caso era cursi y estaba destinada a la intimidad familiar. Que yo sepa nunca la declamé en público escolar. Puede que sí lo hiciera ante alguna visita, inducido por mi familia para que los foráneos comprobaran mi angelical y ya acendrado fervor religioso. 

Volviendo a Samaniego. La suya la aprendí pronto porque nos la enseñaron a toda la clase y nos motivábamos en canto coral. Nos gustaba, pues era, nos parecía, jocosa. Porque rimaba como en aquel tiempo nos gustaba que una poesía que se preciara debía rimar. Porque era cortita. Y musical, ya que alargar el final de cada verso parecía escaparse hacia los cerros de Euterpe en lugar de por los de Erato. Porque invocaba a nuestros ancestros, sin que aún supiéramos que lo eran. Porque en nuestro subconsciente nos provocaba una identificación con otra especie, aunque aún no supiéramos qué era el subconsciente y Samaniego tampoco supiera definirlo, si bien seguro que lo intuía. Porque el mensaje nos calaba. Moraleja de fábula. Porque a estas alturas enternece el recuerdo de la parte bonita de la niñez.  Porque, y éste es el valor de la poesía que le dura a uno toda su vida, la conclusión sigue estando en activo. Aunque ya no se tenga claro si se debe arrojar el fruto amargo, comerlo a regañadientes, o dejarse los cuernos en el embate con las dificultades.

Félix María Serafín Sánchez de Samaniego Zabala estaría muy contento de que en el Día de la Primavera Poética yo eligiera su poema. Esperen. Me subo a una banqueta para que me vean y oigan bien todos. Ahí va (previo carraspeo)


"Subió la mona a un nogal,
y cogiendo una nuez verde,
en la cáscara la muerde.
Como le supo tan mal,
arrojóla el animal,
y se quedó sin comer.

Esto suele suceder
a quien su empresa abandona
cuando encuentra, como la mona,
un principio al que vencer".


(Me aterra un poco mi propia voz ya cascada) Por cierto. Ha sido toda una concesión que yo celebre un Día ad hoc, de los que marcan los corporativistas de turno; ya saben, deberían saber, que soy partidario del recatado y tranquilo día cotidiano. No siempre conseguible.





domingo, 19 de marzo de 2017

Ese manto diáfano



En Largo Barão de Quintela, en Lisboa, hay un grupo escultórico dedicado al escritor Eça de Queiroz. Un hombre, el autor sin duda, sostiene el velo con el que trata de recubrir a la verdad. ¿De qué se cubre la verdad? Con la cita que comienza el prefacio a su novela La reliquia,  Eça de Queiroz pretende aclarárnoslo. "Sobre la robusta desnudez de la verdad, el manto diáfano de la fantasía", abre su invención narrada. El escultor Teixeira Lopes la tomó como axioma para convertir la frase en alegoría. En la base de la escultura está grabada. Pero, naturalmente, cuando la literatura habla de verdad y fantasía no siempre habla de la verdad ni de la imaginación mundanas.Del uso y desvarío con que los hombres practican la exhibición o la ocultación de las verdades. Sino que recrea ambas, en un extremo u otro de sus coordinadas. Oímos muchas veces: la buena literatura o el buen cine saben tratarlas y mostrar ante nuestros ojos lo que a nosotros nos faltaría en perspectiva. capacidad de elección  y diferenciación. Tal vez. Eça de Queiroz sería consciente de ello, por esa razón él se refería con preciso calificativo a un manto diáfano. Y sin embargo al paseante de la ciudad y de la vida le asaltan las dudas. Si la verdad es obvia, sincera y transparente por sí sola, ¿de qué hay que recubrirla, por muy sutil que resulte la prenda casi invisible que se pretenda extender sobre ella? ¿Con qué fin hay que dotarla de un velo traslúcido? ¿Para disimular su natural dureza? ¿Para rebajar el dolor que causa saber lo que desencadena las obras de los hombres? Acaso la cita del escritor sea solo un recurso literario para rebajar el tono bastante contundente de sus obras, donde no oculta sus ideas y sentimientos, en un tiempo en que la sociedad portuguesa no era tan librepensadora como él mismo. Si fuera así, mis reflexiones sobrarían. Pero la fantasía puede ser a su vez un manto que se impone a las verdades y que tomamos muchas veces como el acontecimiento auténtico. ¿La fantasía como sucedáneo de la verdad? Los abundantes ejemplos cunden. Esa multiplicidad de inventos audiovisuales e informáticos, que se apoderan de las horas de tantas personas, el enganche a móviles y a redes sociales, ¿son un manto sutil, transparente, o una cortina opaca que desluce la verdad? Y esas últimas modas, nada nuevas por cierto, de la posverdad, la neolengua, la distracción y el equívoco en narrar la historia, la negación en definitiva de lo visible y palpable, ¿no enlazan con las viejas creencias y mitos por los que algunos siempre han estado interesados en que los seres humanos no seamos libres jamás? (un imposible, acaso)




sábado, 18 de marzo de 2017

Vade retro, olvido




Encuentro este libro, mejor dicho, me encuentro con este libro, editado hace unos años. Un libro no es algo que sólo cae en nuestras manos. Es también y, en este caso u otros sobre todo, un libro con el que, acerca del cual, a través del que, por medio de...nos topamos con hallazgos que afectan al relato de nuestro propio pasado y a las consecuencias de haber vivido una época, un país, una serie de ámbitos, una multiplicidad de relaciones humanas en fin.

No siempre, ni mucho menos, un libro cuenta la verdad. Cuenta la versión de un autor o las versiones recogidas que pueden ser solo testimonios, que ya es mucho, pero no interpretaciones, lo cual es más complicado. Pero yo no traigo aquí un libro determinado por el contenido, que en este caso, fuera del marco de mi ciudad a pocos interesará, sino para hacer cierta reflexión muy simple. Tiempos de vade retro, de batallas ilusas y guerras perdidas, de confraternización amable y debates no siempre con los pies en la tierra y el horizonte como perspectiva. Explicarse no debe ser nunca justificarse, aunque ambos ejercicios deban tener lugar.

Miro la portada del libro y en lo que pienso realmente y con interés no es en el acontecer de algunas historias arriesgadas que el autor osa narrar, con mayor o menor acierto, no obstante la buen voluntad por contarlas, acerca de individuos conocidos u otros sobre los que apenas oí hablar. La portada me invita a un cálculo aritmético muy sencillo. Menos épico, menos político, pero no más trivial. Y me pregunto. De las once personas que figuran en la portada, ¿cuántas quedan vivas? Extiendo la palma y utilizo los dedos como en un aprendizaje. Una, dos, tres...¡cuatro! ¿Cómo? Repaso, no puede ser que me haya equivocado. Contar las vidas no es como contar las cuentas. Una, dos, tres...¡cuatro! Vuelvo a recontar. Pero si toda esta gente es de hace unos días, que en realidad de unas pocas décadas, me digo. No, no yerro. Y como de uno de los fotografiados no sé nada, dudo: pues podrían ser tres. Es decir, que siete u ocho de los que se muestran ya no están vivos. Ni andan en esta vida ni en ninguna otra, bueno sí, en la del recuerdo mientras esté quien los recuerde; en la de la memoria, más o menos certificada, mientras quede alguien que aún pueda contarlo.

Y así todo. Y así siempre. La vida, como los relatos, como los libros, como las palabras, como los wassaps, se vuelve obsoleta. Las imágenes son solo paradojas. La nada nos espera a cada cual y el eco, como todos los ecos, ni siquiera resonarán algún día. De hecho, poco ecos auténticos se escuchan ya.





jueves, 16 de marzo de 2017

Disociaciones y acabamientos








A veces dentro del hombre se disocian de pronto las imágenes del mundo y se vuelven inservibles las palabras que ha pretendido cultivar para interpretarlo. Demasiado alto, ancho, largo el mundo. Extremadamente pequeños, angostos, cortos los signos que pretendía el hombre que devinieran en palabras. La nave de la ilusión se rompió contra la respiración cotidiana hace tiempo. La vida no calla aunque calle el cantor. Y la voz antigua de la tierra que el poeta zamorano decía robar al infausto dictador se diluyó por los aires durante décadas. Hoy queda humo. Hoy la palabra mendiga tras nuevas geometrías. Aunque acaso tampoco sirvan ya las tipografías más bellas que el hombre calígrafo diseñó una vez.



(Imagen: página del Arte subtilissima, de Juan de Yciar, de 1553)



miércoles, 15 de marzo de 2017

¡Que nada se llame natural! ¡Poned remedio al abuso!, nos recuerda Bertolt Brecht




No nos gobiernan los mejores, ni los más aptos, ni los más razonables, ni los más honestos, ni los más sinceros, ni los que quieren nuestro bien. En realidad en el mundo no hay gobierno, éticamente hablando. Hay estructuras de poder que prácticamente funcionan por inercia. Naturalmente, sabiendo dónde va la nave o cómo se mantiene. Hay dirigentes controladores, de dudosa capacidad como timoneles, pero que una de dos, o mantienen engañosamente el navío al pairo, cuando precisamente no son vientos apacibles los que soplan, o bien llevan camino de estrellarlo contra las rocas. Y en este instante del destino del mundo, nos sorprendemos especialmente nosotros los occidentales por nuestro propio ámbito, que pensamos que había quedado a salvo de lo aconteceres de otras regiones del planeta. Siria es un terrible aviso a las puertas. Y veladamente se habla ya de una desgraciada resurrección de odios en los Balcanes, y eso está más cerca aún. Y las elecciones próximas en varios países generan incertidumbres sonoras. Y las neolenguas desfiguran el uso de la lengua como herramienta para entendernos dentro y fuera de nuestro cerebro, con nosotros mismos y con los demás, y poder y saber llamar al pan, pan y al vino, vino. Y lo que llaman posverdad es vulgar y gruesa mentira. No comprender y dejarnos enmarañar por lo viperino es entrar en el juego. De tal modo se han alterado conceptos y desviado a los ciudadanos de los fines que creían justos y consolidados que la Democracia es hoy una representación desfigurada. Creímos que una vez conquistada, con todos sus límites e injusticias probablemente, ya no habría paso atrás. Hoy nadie está tan seguro. Y entonces de pronto llega de nuevo la voz poderosa de Bertolt Brecht en su obra de teatro La excepción y la regla y nada más comenzar la obra nos recuerdan los actores:

"Vamos a contaros
La historia de un viaje. Lo emprenden
Un explotador y dos explotados.
Observad con atención el comportamiento de esa gente:
Encontradlo extraño, aunque no desconocido
Inexplicable, aunque corriente
Incomprensible, aunque sea la regla.
Hasta el acto más nimio, aparentemente sencillo
¡Observadlo con desconfianza! Investigad si es necesario
¡Especialmente lo habitual!
Os lo pedimos expresamente, ¡no encontréis
Natural lo que ocurre siempre!
Que nada se llame natural
En esta época de confusión sangrienta
De desorden ordenado, de planificado capricho
Y de Humanidad deshumanizada, para que nada pueda
Considerarse inmutable".

Que nada se llame natural. Nunca debió haberse llamado. Y al final de la obra los actores, es decir Brecht, matiza y pone la guinda:

"Habéis visto lo habitual, lo que ocurre siempre.
Pero nosotros os rogamos una cosa:
Lo que no es desusado, ¡encontradlo insólito!
Lo que es corriente, ¡encontradlo inexplicable!
Lo que es usual, que os asombre.
Lo que es la regla, vedlo como un abuso
Y cuando veáis un abuso
¡Ponedle remedio!"


¿Seremos capaces de poner remedio a cuanto acontece?



(Nota. El texto de Brecht es sobre la traducción de Miguel Sáenz en la edición del Teatro completo de Brecht, Editorial Cátedra)



sábado, 11 de marzo de 2017

Instrucciones de uso para el abuso sísmico




Visto que la superficie del país tiene poco y mal arreglo, creo que voy a empezar a ocuparme, no tanto a preocuparme, por el subsuelo. Por fin voy a hacer algo de buen grado en colaboración con el Estado, además de pagar religiosamente mis impuestos (aquí el buen grado sustitúyase por civismo y obligación, obviamente) Difundir estas instrucciones del Instituto Geográfico Nacional, ubicado en el Ministerio de Fomento de España. No sé si entendemos peor el subsuelo o el suelo. Lo que sí veo es que las previsiones de las capas tectónicas son limitadas todavía. Pero lo que ocurre de nuestros pies para arriba ni se prevé, ni se corta ni se corrige. Los cataclismos que provienen de abajo serán inevitables, pero para los de aquí arriba no hay voluntad de que dejen de serlo las fechorías del sapiens servus e hispanicus de nuestros días. Por cierto, centrándonos en el tema de las instrucciones del IGN, ¿en cuántas escuelas, centros de trabajo febril o de distribución comercial, o en nuestros mismos domicilios,  se enseña y se aplican estas enseñanzas? Ah, y a mayores, ¿para cuándo unas autoinstrucciones que nos prevengan de los desaprensivos, delincuentes de guante blanco y demás ralea que habita sobre la corteza terrestre?

http://www.ign.es/ign/layout/sismo.do







jueves, 9 de marzo de 2017

TBO, mi segunda cartilla




Leo que por estas fechas, hace un siglo, salió el primer número de TBO, aquella revista dirigida al público infantil...y no tan infantil. Porque TBO era compartido por los mayores, al menos en mi casa. TBO, hoy ramalazo de nostalgia, fue mi segunda cartilla. Por libre. La primera cartilla, obviamente, había sido la típica escolar pero más allá del espacio de la enseñanza oficial estaba el TBO. Lo que muchos aprendimos en él y en otros tebeos posteriores  -Roberto Alcázar y Pedrín, El capitán Trueno, el Jabato, El guerrero del antifaz, Hazañas bélicas...-  no sé si habrá sido suficientemente valorado por nosotros mismos. En mi infancia de doble dictadura el mundo de TBO y de los tebeos suponía una tímida cultura alternativa, no tan sujeta a la reglada, porque el humor siempre tiene algo o mucho de subversivo. Y en la descripción de las historias siempre se podía filtrar algo díscolo o con alguna brizna disidente frente a los cantos a las glorias patrias que se llevaba en una escolaridad y en general en una sociedad extremadamente controladas. También suponía una cultura de relajación que impedía al niño permanecer como muermo o aburrido, si es que un niño puede en algún momento ser esto. Por otro lado, los tebeos fueron una buena base, no necesariamente de efectos homogéneos, para el posterior desarrollo de la lectura.

El hecho mismo de que se compartiera en familia -cada miembro tenía sus personajes favoritos, aunque los mayores no leyeran el resto-  le daba un cariz cálido, pues propiciaba comentarios y, por lo tanto, una opinión y clarificación ampliada para la mente infantil, algo que el niño apreciaría como un tesoro. Nunca estaré suficientemente agradecido al TBO y las puertas que abrían las sucesivas publicaciones de viñetas e historias, como no lo estaré al cuidado y fidelidad de mi padre en comprármelo todas las semanas. En tiempos en que no estaban las cosas para tirar la peseta. Así que TBO ampliaba mi mundo imaginativo y también una cierta suerte de información que iba más allá de los catecismos, los cuentos ejemplares de santos y los libros de aritmética. El TBO, los tebeos, tenían una buena dosis de aprendizaje emocional, de manifestación sentimental y de ensoñación que no podían desarrollarse por otras vías, o que completaban los afectos que pudiera recibir el niño de otras maneras. Es curioso también que fuera el primer medio a través del cual supe de la existencia de una ciudad llamada Barcelona. Simplemente porque figuraba en su cabecera el nombre de la calle Aribau. Así que cuando puedo pasarme por aquella ciudad he instalado en mi intimidad nostálgica la extraña costumbre de peregrinar hasta el portal de la calle donde sospecho que se hallaba ubicada la redacción de TBO. Manías de hombre que peina canas.    




miércoles, 8 de marzo de 2017

Revelaciones.




Estamos desprotegidos, vulnerables y susceptibles de ser usados y tirados a la papelera, tras la pertinente manipulación. Es decir, intervenidos en nuestras vidas tanto y cuando quieran. Conclusión que, aunque ya sospechábamos, se nos confirma cada día a medida que salen revelaciones sobre las tecnologías punta de la información y su utilización por el poder, vía agencias de control y espionaje de ciertos gobiernos. Lean, lean hoy atentamente la prensa. Lo que saca a relucir WikiLeaks. Y mediten sobre la limitada información al respecto que nos llega acerca de cómo estamos todos en manos de los monstruos y de los canallas. ¿Y aún nos creemos libres, dueños y reyes del mambo? Somos tipos observados y hackeados permanentemente. Homo sapiens servus, calificativo este último que conviene ir utilizando. La novela orwelliana 1984 sigue en vigor pero incluso es superada en realidad, y no sé hasta qué punto en fantasía. ¿Acabaremos retornando a los árboles? 

Firmado Mizaru. Iwazaru y Kikazaru.




lunes, 6 de marzo de 2017

Kikazaru




Aquella exclamación en las tardes de tu otoño más largo. Resonando aún en mis oídos encerados e impotentes. Apenas una ráfaga contra mi presencia y yo palideciendo. Hacías que me subiera la bilis hasta la boca y llegara más allá, desconectando neuronas, revelando mi incapacidad de parar tu tiempo. Sabías interpretarme, tal vez por la cara que ponía o por el suspiro ahíto de angustia o por el argumento cargado de rabia que rebotaba entre la ventana y el olmo al que te acogías. Esta soledad, decías de pronto, y pronunciabas sin signos de admiración, y no había en aquella breve sintaxis ni tono angustioso ni queja ni miedo, ni desesperación, como si se tratara de una mera calificación. Como una austera y fría certificación.  No volvías a repetir las dos palabras aquella tarde, lo habías dicho una vez y bastaba, y yo agradecía siempre tu mesura. Decías lo justo, sin sonar a reproche, porque el reproche no es útil cuando la vejez es un estadio de vida imparable, incorregible. Porque la vejez vuelve a los hombres, no a todos, menos exigentes. Porque la vejez tiene mucho de subrepticia risa sardónica contra el que la padece. La vejez como padecimiento de su propio ciclo, eso querías decirme. La vejez como lento concurso de ausencias que vaciaban las horas. La soledad, ese concepto con tantos rostros de los cuales el que te acechaba era irreparable, crónico, definitivo. Lo que llegaba a tus oídos no hacía mella, o no lo manifestabas. Pero en tu cordura siempre agradecías el goteo de noticias gratas y de gestos afectuosos que cada vez reclamabas menos. Kikazaru, cuánto admiré tu sensatez y tu rigor. Si los hombres aceptaran tu herencia... 


viernes, 3 de marzo de 2017

Iwazaru



Es el espanto lo que te tapa la boca. Tu manera de sortear los temores que te causa todo lo que no esperas o no estás preparado para recibir. Y sin embargo, sin el miedo no serías del todo. Miedo ante las pruebas más iniciales, ante las exigencias a distintos planos que te has ido encontrando atravesando el tiempo, ante lo fortuito y lo previsible. Te enseñaron que no hay mayor horror que verse arrastrado por la carencia más perentoria. Ya veías cómo aquellos progenitores, Iwazaru, iban siendo previsores, pero también te dabas cuenta de que no todo estaba en sus manos. Nada era tan simple como subir a lo alto del árbol y dar vueltas al coco hasta romper su cordón umbilical y hacer caer el fruto. Ya entonces había técnica. Ya alguien se preocupaba de inducir a otros para beneficiarse del esfuerzo. Pero los temores eran tan plurales, dibujaban tantos rostros, se disfrazaban con tal multitud de sugerencias que pronto advertiste que cuando conjurabas un temor ya estaba creciendo uno nuevo por algún rincón de tu ámbito desconocido. Cada novedad te atraía, pero su oleaje arrastraba expectación y sobresalto. Ahora me dices, Iwazaru, que la mayoría de los animales de nuestra especie se crecen con sus experiencias y, naturalmente, con medios de sorprendente invención. Que así se fortalecen. Que conciben ilusiones y esperanzas, es el lenguaje al uso. Pero cada brizna de seguridad trae consigo una dentellada de pánico. Unas veces se anuncia desde fuera de los cuerpos. Otras sube desde las venas marcadas o, más hondamente, desde las vísceras donde el hacer y el deshacer genera un día más de vida. Ordinariamente, los factores de temor coinciden en el territorio de cada individuo y nos confunden, se ratifican asolando con ansiedad, rasgando nuestras energías, desequilibrando la apreciación de la existencia sin que sepamos en ocasiones a qué carta quedarnos. Iwazaru, lo peor es cuando me cuentas que ni siquiera el sueño te libra de los miedos de este lado, y que cuando sueñas te atenazan ficciones cuyos augurios no sabes interpretar. Te digo, pues, que resistas. Sujeta tu risa de malditismo ahogada. El miedo no está hecho para anularte sino para que desentrañes sus ocultas motivaciones. Y le plantes cara.

 

jueves, 2 de marzo de 2017

Mizaru




A Mizaru le habían dicho que no mirara. Si no miras no ves, le habían dicho. Si no ves hay una parte de ti que no padece de cuanto acontece en el mundo. Podrás hablar, oír o tocar, si te place, aunque siempre te preguntarás que si no ves sobre aquello que dices o que escuchas o que palpas cómo vas a levantar una imagen o una montaña de imágenes. Ah, ¿eso es todo?, te insistirán. Las imágenes las crea y magnifica la mente, será un diseño a tu gusto. Y tú: quiero ver sin imaginar, viendo cuantas formas y manifestaciones existan veré después el modo de adaptarlas a una deriva en mi cerebro. Entonces te consolarán diciéndote que la privación sensorial conlleva una parte de carencia de dolor, y eso es gratificante. Y cuando levantes tímidamente la voz para sugerir que estás dispuesto a arriesgarte al dolor para advertir con plenitud la belleza te acallarán. Qué dices, exclamarán, lo hermoso no está hecho para quien no tiene actitud de ver. Pero yo quiero, yo sé, yo necesito abrir mis ojos a cuanto la vida depara en su exuberancia. Con estas palabras te defenderás. Los otros dirán que la belleza se percibe por caminos de diferente visualización, incluso insospechados. Que los sentidos restantes te proporcionarán placeres que no imaginas y que la ausencia de una porción considerable de dolor también cuenta como belleza. Una voz destaca por encima de las demás. ¿Estás dispuesto a aumentar la dosis dolorosa que vas a recibir en cuanto compruebes con la vista la variada fealdad de las conductas humanas, la alteración del paisaje o la desagradable gesticulación de los rostros cínicos? En ese momento dudarás. No sabrás si preguntar porque temes que no te respondan verdad. Solamente permanecerás callado y de pronto, humilde, encogido, con tenue tono exclamarás: pero me habían dicho que se nace para contemplar la belleza.



    

martes, 28 de febrero de 2017

La transmisión Jamming




Recuerdo de la niñez el afán de mi madre al anochecer ante el aparato de radio. Recluida en la cocina, espacio cálido donde se hacía la vida en invierno gracias a la bilbaína, mi madre giraba con paciencia la rueda de la radio hasta dar con la frecuencia que buscaba. Cuando lo conseguía ponía el sonido muy bajito, arrimaba la oreja y trataba de escuchar lo que decía La Pirenaica. A mí me intrigaba que la voz se fuera y volviera una y otra vez, entre ruidos y alejamientos. No sabía entonces que la tal Pirenaica era interferida por el régimen imperante. No sabía que detrás había todo un sistema de transmisión de señales de radio que interfería otras transmisiones no deseadas por la dictadura, principalmente las de aquella emisora. Y que se hacía desde un inhibidor de frecuencias. No era nuevo, en la Segunda Guerra Mundial ya se había utilizado con amplitud, y al sistema de anulación o reducción a propósito de otras frecuencias los ingleses lo denominaron jamming

Ignoro si hoy, en tiempos de satélites y ordenadores por doquier, el jamming sigue en vigor a alguna escala, aunque supongo que ha sido superado con creces por otros sistemas de interferencia más efectivos. Tal vez persista la misma y antigua intención. Tal vez el jamming llega sin darnos cuenta, no con ruidos y pérdidas de frecuencias, sino a través de emotivos y seductores procedimientos que se incorporan a nuestra mente para que nosotros nos dejemos llevar por ellos. Un jamming que fabricamos con nuestra aceptación cada uno de nosotros. La mano última, en la ardiente oscuridad de un mundo que se quiebra y nos confunde a velocidades inesperadas, mueve todo tipo de artilugios, psicologías, éticas e ideologías para hacer dúctil y maleable al hombre. Como se solía decir de los minerales aprovechables. Y es que o somos útiles -es decir, productores eficientes y baratos, más consumidores incesantes, más seres domesticados que protesten lo mínimo- para el negocio que domina o mejor que nos muramos, parece decirnos a gritos esa interferencia generalizada que asalta despóticamente la frecuencia individual de nuestro libre albedrío. 

Como recuerdo de un tiempo y un país, donde no solo la voz no se podía acallar del todo sino, y sobre todo, en que el oído no se pudo taponar como quisieran, adjunto la sintonía y el comienzo de emisión de una emisora clave más para la expectativa y la esperanza que para los logros políticos. 





lunes, 27 de febrero de 2017

Primera plana (versión Gutiérrez Solana)




Me pregunto qué hay de costumbrista, qué de sátira y cuánto de crónica social en las pinturas carnavalescas de José Gutiérrez Solana. Esta es la versión autorizada del hombre oficial ante uno de los cuadros del fantástico pintor. 

El unívoco otro individuo que mora en mí dice que lo que hay es solamente juego, y que ya es bastante lo que explicita por sí mismo. Si el juego es contenido, dice el versado principal, démosle cancha.

El equívoco y revoltoso que también pasa a ratos por mi cuerpo afirma que ahí se refleja el país mismo y, además, insiste, sin disfrazarse. La versión oficial desautoriza esta interpretación y acusa al equívoco de maquiavélico, algo que no está penado, que yo sepa, de momento. 

El tipo multívoco que pugna por asentarse entre mi sangre y mi piel da un sentido profundo y casi ultra terrenal a la pintura de Carnavales de Gutiérrez Solana. Basándose en ciertas ideas nonatas se pone exégeta y dice ver en ella el florecimiento de lo plurinacional, feliz aviso de la próxima primavera, más allá de los cantonalismos al uso oral, que no convencidos ni convincentes. Ni el equívoco, ni el unívoco ni el sesudo intérprete oficial comparten este criterio, simplemente por metafísico. Por lo tanto, ni lo consideran serio.

¿Qué será, entonces, la pintura de José Gutiérrez Solana donde se refleja la tradición carnavalesca de una sociedad que no sale de concebir la vida sino como carnaval?  Esta pregunta la formula el homo consensus que a veces se revela dentro de mí en una tertulia entre los distintos y ya citados personajes que me habitan.




jueves, 23 de febrero de 2017

Don Carnal al acecho




Érase una vez una ciudad donde los hombres creyeron ser iguales, 
porque otros les contaban el cuento
para que fueran buenos
 y no dieran problemas,
y en su ingenuo fluir de almas
cándidas no querían darse cuenta
de cómo algunos muy bien situados
y otros que protegían a estos
se merendaban poco a poco 
la ciudad entera
dejando a los más con menos y,
lo que era peor,
tomando a sus habitantes
 como más imbéciles
de lo que en realidad eran.
Pero así se escribe la historia
y la vida de los que la hacen
y permiten que unos pocos
sean propietarios de almas
y de haciendas 
sin que luego les pase ná.

Yo, Don Carnal, doy fe.





(Grabado de Caillot)


miércoles, 22 de febrero de 2017

Apócrifa. 78 años después Antonio Machado vive




"Diréis que un muerto no habla. Sería una ocurrencia perturbadora si os dijera que dentro de setenta y ocho años os hablaré todavía. Cuanto dijo un muerto lo dijo en vida y lo ordinario es que sus palabras se las haya llevado el olvido. Las palabras encerradas entre las páginas de los libros no respiran, se ahogan, ordinariamente están tan muertas como su autor. A veces algún ingenuo que busca aún respuestas en los libros  -como si los libros resolvieran los enigmas de la vida-  al tomar de un anaquel polvoriento un volumen y abrirlo percibe que se desata un leve clamor. Sé que quien coja al azar alguno de mis libros dentro de setenta y ocho años lo leerá como si escuchara el rumor de las tripas revueltas. En un país de tripones, donde el grosor de las barrigas domina sobre otras partes del organismo y adormece funciones cerebrales, parecerá un acto casi de identidad. Pero las tripas revueltas siempre expresan inquietud, alertan, avisan de alguna clase de desasosiego fundamentado y anuncian disfunciones que deberían tomarse en consideración. Tal vez dentro de setenta y ocho años haya algún despistado que busque la explicación de las tripas de su país dentro de mi obra intestina. Pero el muerto no ha dicho nada nuevo. He escrito lo que he recogido del mundo que me rodeaba. Tal vez toda mi obra es la expresión de la soledad más aguda, sin que considere que nunca caí en la melancolía. En la indignación sí. En la percepción viviente de la belleza también. He pretendido navegar por el curso de un cierto y laborioso estoicismo que me ha calmado en medio de las tormentas de un tiempo y de una sociedad que desairaban al hombre. He inventado incluso personajes que hablaban a la vez desde dentro y desde fuera de mí. Porque quien escribe no puedo hacerlo para otros si no tiene claro que lo hace también, o acaso sobre todo, para sí mismo. ¿Que aletea una amarga esperanza en mis argumentos arriesgados? Se dirá: qué contradicción; una esperanza es luminosa y limpia o no es esperanza. El auténtico esperanzado no es el risueño, ni el necio, ni el que pretende que otros le resuelvan sus problemas, ni el bobalicón que permanece con las manos extendidas esperando el maná que le alimente. El esperanzado auténtico es el que no espera. Si fui alguna vez presuntuoso y engreído la vida y la circunstancia me curaron. Algo de aquel viejo defecto debe quedar en mí todavía cuando pienso estúpidamente, al borde del estertor, que acaso dentro de setenta y ocho años aún el muerto le diga algo a alguien en un país que quién sabe si aún no tendrá mucho que escuchar de sí mismo. Ahora digo como me dijo mi maestro: que tengáis mucha suerte y que no conozcáis otra."  



Setenta y ocho años después de Collioure el muerto habla. ¿Seguro que no ha dicho nada nuevo desde aquel lejano y pobre veintidós de febrero? Algunos lo seguimos interpretando y descubriendo porque sigue en vigor. Y lo que permanece en vigor siempre es nuevo. Nada de lo que podamos leer de él nos sigue pareciendo vana repetición. Ni siquiera las muletillas y tópicos en que se han convertido algunas de sus palabras. Algunos leemos todavía sus proverbios, sus artículos, sus cantares, sus poemas, su Juan de Mairena no como libros sagrados, sino como cartillas de aprendizaje del vivir. A veces nos embarga cierta amarga melancolía. Otras una conmovedora indignación. Pero siempre aparece en sus letras un oleaje de esperanza resistente. Solo disfruta de esperanza el que no espera.





lunes, 20 de febrero de 2017

Boira




No sé por qué elegí aquel extraño camino. Avanzaba la tarde y la niebla iba reduciendo mi mirada. Un hombre, o su silueta, ocupaba la distancia que había delante. No sabía si venía hacia mí o se alejaba. Podía ser yo mismo que avanzaba unos pasos y luego retrocedía. La boira es un espejismo que distrae la senda en la que te encuentras sin saber bien cómo y por qué has llegado a ella. 

Un hombre, o apenas el esbozo de un cuerpo, crecía y disminuía a medida que yo apresuraba mis pasos o bien los refrenaba. Un hombre menos alto que un árbol. Menos hombre que un árbol. No tan definido como los bordes de florecillas. Menos firme que la disposición de los árboles. Si ese hombre, o lo que se le parece, solo es una secuencia de mí mismo aceptaré el rigor, o la bondad, depende, del orden de la naturaleza. Me dije.

Pero un árbol no asusta a otro árbol. Ni la niebla angustia al paisaje que hace desaparecer. Ni las tinieblas desplazan para siempre a la luz. Ni los sonidos de los animales nocturnos se imponen unos a otros. Un hombre próximo a otro hombre es el acecho. Un hombre delante o detrás de otro hombre es la inquietud. Tú mismo, si se da el caso de que eres el otro y a su vez eres tú, en desacuerdo, andando un camino imprevisible, puedes ser el espanto.



(Fotografía de Isabel Gómez)


sábado, 18 de febrero de 2017

En la antítesis




En la antítesis de la racionalidad y la irracionalidad cotidianas está ella. Ante su majestuoso florecimiento no caben preguntas. Mirando sus colores no hay interpretaciones. Observando la expansión de sus formas no cabe sino asombro. He pasado buenos ratos del día observándola. Temiendo que la pudiera herir con mis ojos tristes. Pero no pensaba nada sobre ella. Solamente miraba, miraba, miraba. Ella crecía y yo me apocaba. Si algo me llamaba la atención era su estable lentitud. Es lo que tiene la seducción. Antídoto de un tiempo hostil, de una vorágine alocada, de una confusión estúpida provocada por la necia palabrería humana. Sentado frente a ella he soñado con un jardín. Presuntuoso yo que la tenía a ella, ahí delante, y me bastaba. Sin preguntas ni respuestas. Sin inquietud ni exigencias. Y tanta delicada materialidad me hacía reflexionar de manera pasajera en la conflictiva sustancia de lo humano. Pero desalojé de mi mente todo lo que no fuera percepción sensitiva. No podía traicionar su despliegue. Ella me devolvía la mirada con tanta intensidad. Y me amaba. Lo supe enseguida.





viernes, 17 de febrero de 2017

Leonardo de nuevo poniendo la guinda




"Hay algunos que no son más que un paso para la comida, que acrecentan el excremento y llenan las letrinas, pues no producen ninguna otra cosa en el mundo ni ningún efecto positivo, y es que de ellos no resulta otra cosa que letrinas llenas".

Es un aforismo de Leonardo da Vinci. A ver quién es el salao que le lleva la contraria. Y mientras, las instituciones prestándose a la labor pestilente. Y los medios aireando el hedor del cual también se alimentan. Y el público acudiendo en masa porque el espectáculo es el espectáculo y gusta de rebozarse en él. Y aquí no pasa ná. Y todos tan contentos porque esto va adelante. Y como cagones somos pues en el cagadero nos encontraremos.



jueves, 16 de febrero de 2017

Ito Kabane y Tatsuaki vuelven




Siempre me han gustado las historias japonesas. Desde los viejos monogatari a las novelas del XIX y el XX que nos llegan con buenas traducciones, de autores que apenas conocemos. Hasta los efímeros cuentos que aparecen por la red. Cuando veo una fotografía de Nobuyoshi Araki me descoloco. Rompedor, herético, iconoclasta, instintivo, explorador. Un mundo aparte que no todos aceptarán. Pero hay muchos más autores de fotografía japonesa actual que me prenden. Daidö Moriyama, Eikoh Hosoe, Miwa Yanagi, Shuji Terayama, Hiromix, Kishin Shinoyama, Masao Yamamoto, Kishin Shinoyama, Miyako Ishiuchi...es agotadora la lista. No en vano la fotografía japonesa ya tiene sus precedentes de alta calidad desde el siglo XIX tales como Kusakabe Kimbei, T. Enami, Uchida Kuichi, Ueno Hikoma, Beato, Von Stillfried...He visto fotografías de ese siglo de Japón en el Museo de Arte Oriental de Valladolid, con técnica antigua, que son un tesoro. Pero hoy encuentro este rostro que Araki dota de una calidad especial. Lo encuentro en este relato:

https://ehchiton.blogspot.com.es/2017/02/en-el-estudio-del-fotografo-tatsuaki.html



martes, 14 de febrero de 2017

Una coz del caballo de Béla Tarr





“Todo se ha venido abajo y todo se ha envilecido. O también podría decir que lo han echado abajo todo y lo han envilecido todo. Porque no se trata de un juicio divino en el que colabora la inocente ayuda humana. Todo lo contrario. Se trata de una sentencia pronunciada por el hombre contra sí mismo, en la que, por supuesto, Dios está implicado, incluso me atrevería a decir que toma parte. Y siempre que toma parte en algo, el resultado es la creación más vulgar que usted pueda imaginar. Han arruinado la tierra, ¿sabe? No importa lo que yo le diga, porque han arruinado todo lo que han conseguido. Y como lo han conseguido todo en una lucha agotadora y abyecta, lo han arruinado también todo. Porque ellos han arruinado cuanto han tocado, y no han dejado nada sin tocar. Y así ha sido hasta la victoria total. Conseguir y arruinar, arruinar y conseguir. Pero se lo puedo decir de otro modo: tocar y por tanto arruinar y de este modo conseguir; o bien tocar, conseguir y de este modo arruinar. Ha funcionado así durante siglos. Una y otra vez, siempre lo mismo. A veces de forma encubierta, a veces sin tapujos, a veces sutilmente, a veces a lo bruto, una y otra vez. Siempre de la misma forma. Como las ratas, a traición".

Habla así, y durante más rato y más ácido, que es decir tanto como más clarificador, el personaje bebedor de aguardiente en la película El caballo de Turín, de Béla Tarr. Son palabras de las que se diría que podrían pronunciarse en otro tiempo, que tal vez se hayan dicho en otro tiempo, en otra sociedad, en otras penurias. En el mundo presente, no menos envilecido entre la apariencia de la posesión y la flatulencia de los vendedores, en medio de un juego perverso de un a ver quién te ofrece más, en un a ver quién adquiere más, hasta lo inservible, en un a ver quién triunfa más aunque sus victorias sean pírricas y de horas, inmersos en una ensoñación que atenaza todas las facetas de tu mismo ser, que apenas proporciona espacio individual, por más que todos crean que son más reyes del mismo que nunca, que apenas te deja resquicios de un tiempo de calma, en que pensar es una excepción, meditar es lo improbable, decidir con conocimiento de causa difícilmente se practica, en este mundo que oxigena nuestras arterias a duras penas, que las más de ls veces las envenena, podría parecer que no encaja la severidad de las palabras desesperanzadoras, pero no menos clarividentes, del bebedor de aguardiente. Los movimientos de las sociedades y tribus, así como la actividad tectónica de la tierra, siempre han conmovido los pies de los hombres, aunque estos vivan ignorándolo, y cuando perciben, como cualquier otro animal, el menor corrimiento, un cosquilleo de advertencia de que algo nos desestabiliza, a diferencia de cualquier otro animal tienden a desechar la inquietud, relegando la disposición de medios, empeñándose en lo sucedáneo, desconociendo a propósito premoniciones, avisos y signos razonables varios que hablan de lo quebradizo de nuestros pasos. Parafernalias múltiples se alzan para distraernos y conceder a los menos el poder absoluto de cuanto gira en torno a nuestras vidas, cuanto hace y deshace nuestras existencias, y todo los estamentos se prestan a las coces contra la racionalidad. Y la barbarie creando fisuras por doquier, fomentando desentendimientos por todas partes, haciendo naufragar las intenciones que quisimos alguna vez que fueran justas y bondadosas, pero que eran fraudulentas, la barbarie con todo el arsenal de poner el mundo al revés ofreciendo la utopía de los mercaderes. Palabras, la mayor parte de las veces vanas, artilugios técnicos, sistemas de programación metamodernos, robots de ideas, se ofrecen por parte de los pocos para entontecer y desviar la capacidad individual. Tocar, conseguir, arruinar...¿Qué parte alícuota nos corresponde a cada uno de los pobrecillos bebedores de aguardiente de este presente de supervivencia? Si uno supiera permanecer callado...  



(Fotograma de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr)


lunes, 13 de febrero de 2017

Los bocetos de palabras de Leonardo da Vinci




"El movimiento cesará antes de que nos cansemos de ser útiles.
El movimiento fallará antes que la utilidad.
La muerte, antes que el cansancio.
En servir a los demás, no puedo hacer bastante.
Ningún trabajo es suficiente para cansarme.
Las manos en las que caen ducados y piedras preciosas como la nieve nunca se cansan de servir, pero este servicio es solo por su utilidad y no para nuestro propio beneficio.
La naturaleza me ha dispuesto así naturalmente.
Nunca me canso de ser útil".


He aquí un texto de Leonardo donde dibuja con la misma autenticidad y perfección que en el resto de sus otras imágenes visuales. Una reflexión sobre su experiencia, donde revela el sentido que toda actividad desplegada por él dotó a su vida. Este hombre que hoy llamamos renacentista completo tiene mucho de superhombre, sin que este término implique un concepto ni filosófico ni esotérico ni religioso. Leonardo toca la materialidad, la desentraña, la fija y la activa nuevamente, porque se identifica con la materia misma en su devenir. Propone alternativas físicas, unas más teóricas, otras menos, que pongan en manos de otros hombres una capacidad de transformar la materia no en el sentido de destrozarla caprichosamente sino para procurar hacer a los hombres mejor dotados para la supervivencia y, por lo tanto, más libres. Este Leonardo de dos o más miradas. La que capta el movimiento, la actitud, el paso de lo viviente y lo traduce con su obra pictórica. La que diseña continuamente cualquier objeto de habilidad para que el hombre no sea un eterno dependiente de la inercia de la naturaleza exterior. El que encuentra geometría y matemática en cada cuerpo viviente. Un hombre que escribía con escritura especular. La naturaleza le había dispuesto para ello. Cómo lo logró, aun siendo un misterio, es una revelación de la capacidad humana para dotarse de medios que proporcionen provecho.

Merece la pena acercarse a los aforismos y pensamientos de Leonardo da Vinci sobre la condición humana, sobre sus criterios acerca de las artes y de los que se dedicaban a ellas, sobre las ciencias, sobre la belleza y las figuras humanas o animales. Nada de lo existente era ajeno para este hombre excepcional.



sábado, 11 de febrero de 2017

Aún quedan honrados y yo les digo que no son idiotas



Llevo unos cuantos días dando pábulo a temas de carácter más político, digamos. No puedo evitarlo. Resulta difícil callar cuando percibes el hedor del país. ¿Recluirte cual anacoreta? Se metería el olor por las rendijas. Además, emulando la frasecita, nada de lo manifestado por los humanos me resulta ajeno. Ni siquiera a los que no quieren dedicar ni un momento fugaz de pensamiento les es tangencial. Hoy me he sorprendido porque, al fin, en la prensa mínimamente creíble, aparece un enfoque humano con otra perspectiva. Si llevamos años soportando con vergüenza, asco y desánimo, la mina de deshonestidad y de carencia de honradez de muchos paisanos, provenientes en gran parte del mismo tronco político, es oxigenante conocer cómo ha habido individuos que han resistido a las propuestas de la corrupción. Personas a las que se está haciendo la vida imposible porque no quisieron involucrarse en las redes delictivas e incluso denunciaron.

El País publica hoy una entrevista a tres de esas personas. Adjunto el enlace al final. De la entrevista lo que me hace recapacitar más no son las tentaciones, las venganzas o las presiones que han padecido. Basta observar sus caras para ver que no están precisamente como unas castañuelas. Sino la actitud de gente común con la que se han encontrado en su entorno esas dos mujeres y el hombre. Según ellos, pocos les han comprendido y animado en su actitud de rechazo a la corrupción y por el ejercicio de la denuncia en su día. La frase de uno de ellos "el español medio piensa que somos unos idiotas" me llega al alma y no porque alrededor mío no la haya oído cientos de veces. 

Aquí, al que no se aprovecha de una circunstancia para beneficiarse, por muy perversa que sea, se le valora como tonto. Y ahí anda la explicación última y de primera fila de por qué la corrupción campa a sus anchas. Sé que enseguida se pensará: la naturaleza humana. Pero la naturaleza humana también proporciona hombres decentes, fieles y consecuentes para con los modos de vida y de cumplimiento con el colectivo social. Así que cansado estoy también de ver cómo nos escudamos en el tópico de la naturaleza humana que nos ha hecho así, como si de una canción de moda se tratara. La historia de la humanidad es sobre todo la de domeñar el entorno. Si no, jamás hubiéramos llegado hasta este punto y en tan poco tiempo. Y domeñar es también reconducirnos en acuerdos sociales unos a otros, y ahí el triunfo de las ideas ilustradas, y generar mecanismos de colaboración y satisfacción que benefician al conjunto, y de castigo para los desaprensivos que quieren vivir a costa de todos.    

Sólo quería valorar a unas personas que han afrontado la ignominia, que han sufrido acosos, desprecio o desinterés. "Tú te lo has buscado" o "¿Te compensa (no haber cogido dinero)?" o "Las que te están acosando y los que están viéndolo y no están haciendo absolutamente nada. Esos son la mayoría", son algunas respuestas de estas personas que congelan el alma. Al menos a una minoría de ciudadanos sensibles y decentes. Al machismo cultural español seguramente les producirá risa ese comportamiento cívico. Así nos va.  Leed, por favor:


http://politica.elpais.com/politica/2017/02/10/actualidad/1486717372_302660.html


viernes, 10 de febrero de 2017

La sempìterna Santa Alianza





Encuentro hoy esta foto en eldiario.es y me da risa de carcajada por una parte pero me deja un sabor amargo por otro. ¿Quién dijo que las santas alianzas se habían disuelto? Amigos, en este país no cambia nada. Un ente cuyo reino no es de  este mundo pero vive de los mundanos siempre se lleva el gato -finanzas y prebendas- al agua. Y bien se aspire a sobrepasar al partido más votado, o se pretenda asaltar los cielos o se quiera fundar un Estado nuevo por parte de otros, el panorama partidista nunca toca temas de fondo. Estos son intocables o bien todos buscan mamar de la misma vaca. Adivinad cuál. 




jueves, 9 de febrero de 2017

La servidumbre del día, según Max




Cansa levantarse por la mañana, mirar el mundo, el próximo y el lejano, y percibir la sensación de que no aprendemos nada, dice Max. Hemos llegado hasta aquí, por lo menos, le digo. Hemos disfrutado algo, lo cual también es una manifestación del saber, le digo, hemos soslayado malos tragos o los hemos superado otras veces, le insisto. Para mí eso es lo que yo llamo un balance positivo. Tienes razón, me replica amable, nuestro error, que aún da coletazos, es que una vez pensamos que sería posible entendernos los hombres, contener los malos tragos y enderezar aquello en lo que nos habíamos equivocado o se había hecho mal a propósito. Te entiendo, Max. La idea del sometimiento, en cualquier faceta y plano de la existencia que hemos llevado nos abruma a ambos. Pero aun sabiendo ahora mismo que la libertad no será posible tal vez ni al recluirnos en nuestro propio interior no logramos apartarnos del ámbito general donde nos congregamos unos hombres con otros. Libertad y además alimento y además cobijo y además márgenes de aprendizaje, que cada vez se pone más complicado todo, entra al quite Max. Cansa levantarse, cansa mirar y ver la pobreza mental de tantos seres, y de entre ellos la más peligrosa ineptitud es la de los soberbios pastores del rebaño, musita amparándose tras la cortina de lluvia de la ventana. Una pobreza que se apoya en el desprecio y la ignorancia con que dirigen a millones de individuos, sin tener capacidad ni respeto ni sensatez para con todos los que nos dejamos someter. Por eso nos duele el sometimiento, le respondo, porque siempre procuramos que nos mande ese tipo de personajes de baja calidad intelectual y escasa si no dudosa ética. Sí, así es, comenta mi amigo. Ese tipo de seres que se aprovechan de este mundo para vivir solo en el de aquellos otros para los que, a su vez, se ofrecen como siervos. Ya ves que ellos no están libres de una servidumbre chabacana, no importándoles ser usados y relegados de mala manera cuando ya no les necesiten sus amos. Ah, lo dices porque ayer mismo vimos un caso, sí, pero eso es la sempiterna repetición de la historia. Los que se ofrecen a otros sin ser capaces de satisfacer a los propios. Max se pone serio: nos debe gustar la infamia y rebozarnos en ella, dice con sequedad y tristeza.



(Fotografía de Saul Leiter)


martes, 7 de febrero de 2017

¿Catalunya? ¿España? ¡Rumanía!




Emulando la sintaxis eufórica de aquel Francesc Macià de 1931 se me ocurre la invocación con que titulo la entrada. Y no se malinterprete. Me lo propone la imagen de protesta masiva de Bucarest -que también ha tenido lugar en muchas ciudades- contra la corrupción generalizada en Rumanía, y que estos días está teniendo eco en la prensa. La población ha protestado contra un decreto del Gobierno que pretendía despenalizar el soborno y los conflictos de intereses, según las informaciones. Del clamor han pasado a la exigencia, y de ésta a la calle. ¿Se les logrará? No sé, pero la respuesta ciudadana me ha emocionado, aunque desconozco si habrá detrás otras intenciones, pues nada hay absolutamente puro en las conductas humanas.

Se me ocurre que aquí, en el ruedo ibérico, en lugar de tanto pulso entre poderes de quien los tiene y quien quiere tenerlos si no sería mejor impulsar un llamamiento unitario contra la corrupción. En el camino de un objetivo tan claro y democrático, que podría ir a la raíz de una regeneración mínimamente decente, nos encontraríamos todos. El partido que gobierna es altamente fecundo en la práctica del aprovechamiento del poder en sus diversas escalas territoriales para sus negocios particulares. Otros que han jugado a poder también tienen su acervo corrupto, aunque en menor medida según parece o aún no ha salido. Y algunos que pretenden tejer nuevos asaltos a tentadoras gobernaciones podrían ir tomando nota a su vez para no caer en las conductas de aquellos a quienes se pretende superar.

No se ven movimientos claros que vayan en la dirección de cuestionar la corrupción. Envueltos unos en rencillas particulares y manifestando otros un gran desprecio hacia los ciudadanos la exigencia de parar la corrupción, y castigarla, apenas se encuentra sino en manos de la judicatura, de donde no está claro si saldrá algún tipo de pena ejemplar o se irán de rositas los delincuentes. Pero el tema no es depender del poder judicial, sino incorporarlo al disco duro de la ciudadanía y de sus representantes electos. Corrupción cero debe ser un compromiso no solo electoral sino cotidiano de todos los partidos y entidades públicas. Pero parece que nos da igual. Rumanía, estos días, ha sido un ejemplo digno. Naturalmente, uno piensa: cómo estarían allí las cosas para que tanta masa decida protagonizar una protesta de envergadura. ¿O lo que sucede es que son más conscientes del problema que los españoles?


(Fotografía extraída de El País)



lunes, 6 de febrero de 2017

Las noticias, Dionisio el tirano y De La Boétie





Leer la prensa cada mañana, solo de pasada, y únicamente una cierta prensa o, si se prefiere, los titulares y como mucho algún artículo de opinión que merezca crédito y no suene a demagogia, leer noticias, con todo el riesgo de que sean incompletas, equívocas o incluso falsas, es desesperanzarse. Pero ¿estuvimos alguna vez esperanzados? ¿O la esperanza fue y sigue siendo una mera ilusión, humo, espectro con rostro amable? ¿Tiene hoy algún sentido la palabra esperanza? Así que, visto el estado de ánimo que a uno se le queda tras pasar las páginas del diario, una buena cosa puede ser buscar un antídoto con algún grado de luces que ratifique y a la vez compense nuestro desasosiego. Hay muchos que no quieren saber nada. Leer, ¿para qué?, dicen como un recurso de autodefensa que no por ello les salva. Uno no puede ser ajeno al mundo y al tiempo que vive, y más cuando ya ha vivido circunstancias complicadas. Pero ¿por qué ahora parecen más difíciles? ¿Por la globalización? ¿Porque el tablero de ajedrez reúne a más jugadores? ¿Porque los contendientes de la complicada partida no tienen cara de buenos amigos? 

Mi medicina de hoy es un texto del Discurso de la servidumbre voluntaria, del renacentista francés Étienne de La Boétie (1530-1563) 

"...Así el pueblo de Siracusa, capital de Sicilia, presionado por las guerras, sin pensar más que en el peligro del momento, eligió a Dionisio I y le dio el mando del ejército. Sólo advirtió que lo había hecho tan poderoso cuando el artero, volviendo triunfal como si hubiera vencido a sus conciudadanos más que a sus enemigos, pasó de ser capitán a ser rey, y de rey mudó a ser tirano. Es increíble el ver cómo el pueblo, desde que se le ha sojuzgado, cae pronto en un olvido tan profundo de su libertad que ya le es imposible despertar para reconquistarla: sirve tan gustosamente y tan bien que, al verlo, se diría que no solo ha perdido su libertad, sino además ganado su servidumbre".

Ojo. Para los déspotas, y encima no ilustrados, el primer enemigo siempre es el de casa. Y me pregunto si el recurso a los de fuera no será sino la excusa para doblegar a los díscolos del interior y afirmar su poder y sus consecuentes tropelías. ¿Estaremos aún en el siglo XVI? O peor aún, ¿en el año 405 antes de nuestra era?





viernes, 3 de febrero de 2017

¡Toma posverdad!




"Prácticamente, todos y cada uno de los países del mundo se han aprovechado de nosotros, pero eso no va a seguir sucediendo. El mundo tiene problemas, pero vamos a arreglarlos, ¿de acuerdo? Eso es lo que yo hago, arreglo cosas". Presidente actual de los Estados Unidos de América. 


jueves, 2 de febrero de 2017

Nayat




¿Tenemos derecho a quejarnos de nuestras bacterias revoltosas o de los virus que nos incordian, propios de cuerpos de una aparente sociedad estable? Supongo. Pero entonces, ¿qué tipo de queja cabría esperar de quienes lo han perdido todo y encima se les niega todo allá donde van? Miro a Nayat y su mirada me toma, me supera, me enamora. La luz de sus ojos podría traslucir lágrimas, pero ella transmite fortaleza. La suya (la que tiene y necesita para sí) pero también la mía (la que a veces quiebra dentro de mí y necesito) Me aporta más: una sensación de bienestar auténtico. Esta propiedad no llega de posesiones ni de seguridades dudosas. Viene de una actitud expectante, serena, pasiva. Viene de un sencillo conato de sonrisa apacible. ¿Veis lo que es el azar? En este caso llamado Nayat.




miércoles, 1 de febrero de 2017

Uno de febrero




De pronto siento la necesidad de no decir absolutamente nada. El mundo y sus circunstancias, por lo tanto las mías también, me dejan desnudo. Es decir, sin palabras.



(Dibujo de Julio Vaquero)



martes, 31 de enero de 2017

Ahora no toca, ahora sí toca



A veces no se sabe si no haber bajado del árbol es tradición festiva o simple obcecación de grey que no ha aprendido aún a caminar. Pero estar toda la camada asentando el culo en la misma rama amenaza ruina, como bien daba a entender  Goya, que nada tenía de politólogo y mucho de conocedor de sus paisanos. Aunque tal parece que al corro de paisanos les va mucho sobrecargar un espacio habiendo otros espacios que pueden ser más acogedores y menos condescendientes para la ley de Newton. No sé si en esa misma metáfora de la rama habrá fundamentado su discurso catastrofista cierto ínclito ex presidente del Gobierno que hace unos días hablaba, con su particular enfoque apocalíptico, de que España está débil, decaída y se desvertebra. Uno, que piensa que el país jamás ha estado vertebrado, ni siquiera bajo la vara del tosco pastor de turno, y que las escasas posibilidades de que lo estuviera fueron abortadas intencionadamente, ya no se sorprende que desde cualquier ángulo del esperpéntico panorama político se siga cambiando de asiento...pero sobre la misma rama. Unos pretenden vertebrarse por su cuenta fundando un Estado que nunca han tenido antes, aunque sea un Estado al cincuenta por ciento. Otros andan más callados pero no me extrañaría que dándole vueltas a la manera de retomar sus veleidades milenaristas. Otros fundándose ¿o acaso refundándose? en base a aquellas generalizadas y respaldadas protestas cívicas conocidas como de los indignados del 15M, que trataron de capitalizar para sus fines, aun a costa de descafeinarlas y dejarlas en aguachirle. Otros, enarbolando aún sus cien años de historia ya obsoleta, desprestigiados por sus propios incumplimientos, afirmándose en la demagogia de lo prioritario ("ahora no tocan elecciones, ahora toca España", oigo decir con voz marcial y lenguaje redicho, a otra ínclita presidenta, esta vez del sur y en vigor) Y los que nos gobiernan, aun en minoría, y por defecto de la carencia de oposición sólida y sensata, no van más allá de repetir sin mayor argumento lo de que España es una gran nación mientras no siguen otras órdenes que las que dimanan de las autoridades europeas y del Banco Mundial (la Casa Blanca en la sombra, como siempre) Tampoco ellos son capaces de demostrar qué es realmente España, y del tópico no salimos. ¿Será solo un conglomerado de tribus, peñas, cuadrillas y cofradías que estamos aquí para pasarlo lo mejor posible si nos dejan? En definitiva, que todos, ellos, los que pontifican y se lo llevan entero, y nosotros, los que renegamos o bien asentimos, seguimos el curso de los días contándonos los cuentos no al calor del hogar sino sobre una rama que no sabemos lo que dará de sí. ¿Sería mucho pedir un poco de imaginación a la ciudadanía y ver el árbol entero y su ramaje y no cada cual solo su rama de primate?


Nota Bene. En absoluto estas letras simplonas pretenden ser análisis de nada y sí un mero desahogo, pero claro ¿quién está haciendo análisis certeros y, sobre todo, que transmitan serenidad y perspectiva fundamentada a los indígenas?  Por cierto, gracias genial Francisco, por dejarme prestado uno de tus caprichosos disparates. Pero bien mirado, ¿disparate algo tan sesudo? Goya era único.



lunes, 30 de enero de 2017

We the people




...pero ante las reacciones de un sector de la población se impone también nuestro reconocimiento a ellos, esa parte de la ciudadanía que no quiere que el documento fundacional sea papel mojado, esa ciudadanía híbrida en su formación constante, esa ciudadanía que tantas veces calla pero que cuando habla nos recuerda a todos lo mejor del país, esa humanidad con luces y sombras, que se ha dejado manipular unas veces pero que se ha alzado otras para derribar presidentes, esa ciudadanía presa de la propia traducción de sus sueños, que no quiere respaldar con silencios las barbaries cometidas en su nombre en el pasado, que quiere estar despierta y vigilante, que no desea verse envuelta en la mentira institucional, que parece tener voluntad de encarar los problemas de modo menos expeditivo y bestial, no obstante las dudas que siempre genera el poder hasta ahora hegemónico de su Estado, hoy debemos maravillarnos, aunque el fenómeno resultara efímero, de estas conductas cívicas y antiautoritarias encabezadas fundamentalmente por mujeres...sí, soy un idealista y parece que quiero ver solo el lado luminoso de un país difícil, pero esa gente que sale a la calle, y ya sabemos que también en los USA se paga un precio por la expresión, merece nuestra admiración, no solo nuestra sorpresa...





sábado, 28 de enero de 2017

In God we trust




...esa sensación de que el Estado de Estados se está convirtiendo por mor de su Gobierno electo en un suburbio de pendencieros, donde poco a poco va reinando la traición a sus propios principios, el delito encubierto de legalidad, la chabacanería de un sector hortera de su población elevada a categoría de sistema de obligado acatamiento, el arrinconamiento del diferente, el desprecio a todo el resto del inmenso continente que queda de Río Bravo para abajo, el odio al extranjero, el pánico al que piensa con otras perspectivas, ese Imperio por excelencia imponiendo la prohibición, impidiendo la llegada a los que han puesto en la lista negra, promoviendo formas agudas de castigo, justificando la tortura, negando las verdades, desacreditando la libertad de expresión de los medios, síntoma de posibles futuros ataques a los derechos civiles, ignorando los grandes problemas medioambientales como si fuera una invención de los malos, acechando a los patrocinadores de ciudades refugio, creando enemigos entre los que no son de su cuerda por doquier, en lugar de fomentar lazos y diálogo, sus autoridades henchidas de orgullo mediocre convirtiéndose día a día en pandilleros, protegiendo la cultura matona del Far West que decía un hombre un arma, desmontando cual gamberros las obras positivas que el anterior presidente había encauzado, esa sensación de que avivan fantasmas que se remontan al siglo XIX, importándoles un cuerno que la sociedad esté dividida al cincuenta por ciento por lo menos, el modelo que instauran atrayendo a los moscardones más reaccionarios y viles de Europa...conductas que no desatan sino malas sensaciones, peores vibraciones, funestas consecuencias a causa de las cuales todo puede precipitarse por el mal camino y el camino acabar a corto plazo en abismo, acaso ya intuyen que su God no era tan de fiar, es decir su moneda todopoderosa, sus deudas que acabaremos pagando el resto del planeta, esta sensación de que todo va deprisa deprisa y confuso confuso y que las oligarquías de uno y otro lado del océano pueden verse arrastradas a jugar a caballo ganador, al mejor postor, y si no, al tiempo, mientras el destino se vuelve turbio y nosotros más siervos...