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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 7 de mayo de 2017

Cuánto mundo en el café de Rick




¿Pensaba en ese momento Ilsa Lund en Francia? ¿Le revolvía las entrañas el himno entonado por los oficiales nazis? ¿Se estremecía con La Marsellesa? ¿Sentía pánico por la situación? ¿Quebraba ante la disyuntiva entre el valor político de un hombre y el amor pasional redivivo del otro? ¿Se sorprendía emocionada por la actitud de su marido Victor Laszlo? ¿Se debatía por el amor reverdecido del antiguo amante Rick? ¿E Yvonne? ¿Conjuraba Yvonne los despechos sufridos entregándose a la causa con su voz? ¿Vaciaba su rabia delegando en el símbolo? ¿Qué pensaría Sam, el pìanista, de todo aquello? ¿No tenía ya duda el prefecto de policía Louis Renault de que le quedaba también a él París? ¿Y Rick? ¿Era tan dura la máscara de Rick? ¿Qué fue de Rick? 

Cuánto mundo podía estar girando mientras tenía lugar el pulso entre canciones patrióticas. Cuánta angustia contenida a la vez que se evocaba la patria sometida con una canción. Y es que la vida siempre siempre es más que un himno. Y mucho más que una patria. Cuánta expresividad en la tensión de una mujer, tratada con exquisita y discreta precisión, como la que Ilsa comunica cuando su marido canta y dirige a la banda interpretando La Marsellesa. ¿Le ama y le admira? ¿Sólo le admira? ¿Le basta aquella valerosa actitud de su esposo? ¿Se está jugando en ese momento la elección? ¿O acaso la resignación? ¿A qué voz interior está escuchando Ilsa en ese instante, que tanto le desasosiega? No sabría responder, pero el rostro que pone Ilsa Lund, que parece estar y no estar allí en ese momento, el sofoco que expresa su pecho y la leve sonrisa que acaba emitiendo -¿qué está a punto de decir al entreabrir los labios?- son magistrales. De lo más emocionante que he contemplado nunca en cine. 






6 comentarios:

  1. Seré tonto, pero la escena de la Marsellesa de Casablanca es la única del cine que me llena los ojos de lágrimas. Por muchas veces que la vea.

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    1. Ha sido más explícito que yo, pero por ahí me veo también. Yo tengo más de una escena y más de una película que me derriban. Por ejemplo, me pasa con El Sur, hay un momento en que ya no puedo seguir viéndola.

      Y ya lo dejo claro. No es el canto de La Marsellesa lo que me emociona en Casablanca, sino el debate interior de la mujer. Preciosa y precisa exposición.

      Gracias por manifestar tu opinión.

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  2. "Je vous servirai avec amour"...
    Liberté, Egalité et Fraternité.

    Aunque sea una utopía, vive la République!!
    ;)
    Saludos.

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    1. De aspiraciones vivimos, ¿no? Gracias, me identifico con tus buenas intenciones. Es un alivio frente al riesgo de que hubiera salido la extrema derecha. Pero hay muchos interrogantes, muchos. Un futuro complicado para Europa. O se dan pasos de gigante o...

      Salud siempre.

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  3. Ayer cantaron muy poco la Marsellesa, será porque va quedando atrás Liberté,egalité, fraternité.
    En esa película, por lo visto de improvisado guión, los ojos de la Bergman y su amor sacrificado emocionan y son más creíbles que cualquier otra historia de amor y guerra.

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    1. Supongo que los símbolos antiguos irán perdiendo vigor, espero que no valor. Los humanos, los europeos, tendrán que ir elaborando nuevos símbolos, pero solo pido que sean menos engañosos y patrióticos y más efectivos y universales.

      Casablanca es mucho Casablanca, sin duda. La precisión y los gestos adecuados valen más que mil palabras y guiones retorcidos que no llevan a nada en otros filmes.

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