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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 4 de junio de 2017

Bosníaca. Lección de dudas de historia




Somos lo que llega, lo que se asienta, asevera Alisa con aplomo. Una sucesión de invasores que genera a la larga moradores que se consideran a su vez como si fueran autóctonos de toda la vida. Y acaban siéndolo. No es así solo la historia de este país, sino también la de todos los países. Cualquier rincón de la Tierra, antes o después, es un lugar de tránsito. De ocupación.  Que los que llegan ocupen territorios más o menos habitados es una circunstancia secundaria. Los humanos siempre han llegado a donde no habían estado antes. Lo cual ha generado mundos culturales en constante mutación. Para mí, dice Alisa, eso es riqueza, a largo plazo, naturalmente. ¿Que esos procesos invasores que adjuntan los migratorios son imparables? No me cabe duda. Pueden ser diferentes las formas como se ejecutan pero no sus objetivos. ¿No cayó el Imperio Romano como tal y sus provincias más lejanas, al Este o al Oeste, no fueron ocupadas acaso por nuevos pobladores? Hordas, decían los historiadores que solo leían tras las rígidas reglas del nacionalismo atávico. Los hombres buscan nuevos dominios, y las razones son diversas, aunque se escuden en las leyes de la supervivencia. Lo que para un gobernante significa extensión de su poder a zonas lejanas, con vistas a garantizar su seguridad u obtener recursos, para el común de los mortales sometidos al gobernante implica búsqueda de nuevas maneras de resolver la subsistencia. También lo es para los habitantes invadidos, según en qué zonas y en qué épocas. En el pasado, para muchos indígenas el invasor traía progreso, si es que este concepto pudiera aplicarse a épocas remotas. ¿Eran más libres los pobladores autóctonos antes de ser ocupados? ¿Tenían más derecho, si es que también esta idea existía hace siglos, los que habían caído antes que los que se aposentaban después? Todas las sociedades han tenido sus opresores y han conocido el sojuzgamiento. De acuerdo que en muchos casos los invasores han podido esclavizar más a las gentes avasalladas. ¿Más o de otro modo? En otros, a cierto plazo, nos parece ahora que se les benefició. Pero toda esta visión es falsa. Lo es porque todo cambio pasa siempre por la destrucción. Por algún grado de destrucción. Destrucción de sociedades, desplazamientos de los habitantes, eliminación de jerarquías, abolición de instituciones, captura de fuentes de recursos...¿Qué sabemos de los pueblos que habitaban las vastas regiones de Europa, por ejemplo, antes de la consolidación de los grandes imperios? Mundos que se acaban y resistencias imposibles. También simbiosis, apertura a la desesperada que permitía prosperar a los aborígenes, fusiones y mezclas complejas que nos han traído hasta nuestros días. Eso ha sucedido como una constante en la historia humana. Un profesor mío decía que las resistencias más triunfantes son las de quienes aceptan a los que llegan de fuera. No solo al que aparece con poder sino al que llega desnudo. Demasiados oleajes de almas humanas transcurriendo de unos países a otros. Lo peor es cuando parece que todo se estabiliza y de pronto el juego de cartas se rompe. ¿De pronto? Los tahúres siempre acechan. Quien no quiere verlos es porque algo espera de ellos. O su ceguera, ¿no?, interrumpo a Alisa. O sus limitaciones, remata mi joven amiga. Interpretar la historia es siempre comenzar a dudar y a continuación preguntarse. Alisa suspira y nos paramos ante la mezquita de Gazi Husrev-bey a contemplar el efecto de las luces del lavatorio.



(Fotografía de Inés González)



8 comentarios:

  1. Es una hermosura esta fuente de la Gran Mezquita, un lugar mágico que está en pleno corazón de la ciudad antigua o barrio turco; además de esta fuente, la Gran Mezquita tiene un grifo que emana agua de manera permanente, dice la leyenda que quien bebe el agua de esta fuente vuelve eternamente a Sarajevo. Yo la he bebido varias veces...quizás por eso siempre pienso en volver. Un castaño centenario custodia y da sombra a los visitantes, curiosamente este noble árbol es el primero en perder sus hojas al final del verano, y en reverdecer en primavera.
    En invierno, cuando nieva es conmovedor, sólo entonces el árbol nos muestra su verdadero corazón, como afirmaba Lars Von Trier en una de sus películas.

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    1. Qué complementaria información añades a las de por sí ilustrativas fotografías. Realmente debe dar ganas de volver y en otros casos de ir por primera vez, si bien esos largos inviernos...

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  2. Tenemos mirada muy miope y esa visión de pequeño alcance nos mata.
    La humanidad es constancia en el nomadeo. De aquí para allá, siempre y desde hace miles de años.¿Migraciones? Sí, es la característica de nuestra especie y la que asegura la supervivencia.
    Bonita foto.

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    1. Y las que vendrán (migraciones) al paso que va la gravedad de los acontecimientos, y no quiero ser paranoico. Por cierto, constantemente hay nuevos datos sobre las migraciones del Sapiens, del Neandertal, etc Sin ellas no estaríamos nosotros aquí.

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  3. ¿Invasores? ¿Invasiones?
    Nacemos desnudos, morimos y se nos entierra vestidos, pero ni siquiera esa ropa nos pertenece, ni la tierra donde yacerán nuestros cuerpos. Si es que algo queda de ellos.

    Suerte compañeros de viaje, mucha suerte.

    J.

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    1. Y lo peor de todo: creemos que tenemos algo, lo cual nos hace vivir en esa ficción por la que somos capaces de todo. Muy acertado, José A. Gracias por venir por aquí.

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  4. Es cierta la idea de que cualquier espacio de la tierra es lugar de tránsito. Qué inútiles las fronteras.

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    1. Pero útiles para los intereses de naciones, por lo que se ve. Al hilo de lo que dices me haces pensar en qué falsaria es la idea mesiánica de la Tierra Prometida. Puedo entender en sentido relativo buscar tierras prósperas en clima o desde el punto de vista agrícola para asentarse, pero sublimar y sacralizar lo de Tierra Prometida hasta el límite que algunos lo hacen y que no es sino un cuento a costa siempre de otros me parece abyecto.

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